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Un poema para Edgardo Florián

  A: Edgardo Florian     En memoria   Vos eras la ciudad, poeta. No ví nunca el miedo reflejado en tu rostro. No ví nunca tristeza alguna que vos pronunciaras con tal claridad. Si, sabemos que moriste cuando murió tu madre. Ahí te perdimos poeta. Ya eras solamente vos y tu ciudad Encontrarnos era un poema declamado de memoria Había que dedicarte tiempo para escucharte Había que saber encontrarte, poeta. Y es que, esta ciudad se volvió una bestia rugiente Y vos, escribías esos ruidos nocturnos en cualquier papel En cualquier cuaderno, Vos conocías el miedo, conocías la desolación, El incienso que ofrecías era el olor de tus ojos La ciudad en ellos. Vos eras la ciudad, poeta, Vos eras el descaro y la máscara, y lo oculto. La desconstrucción del lenguaje cotidiano La desconstrucción del amor y la soledad Qué había cuando estabas en tu casa, poeta. A quién le escribías tus versos. El amor en vos, qué era. Poeta. Hablar del desasosiego D

Me duele

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  Me duele la niña que fue encontrada a orilla de una calle La mujer que fue encostalada y mutilada en una aldea lejana La mujer que grita los golpes que su exmarido le daba La madre que pide justicia para su hija abusada Me duele la joven de 12 años que se ahorcò colgándose de un árbol O la madre que se dispara frente a sus hijos La que cruza centroamerica para un sueño mejor y vive una pesadilla La anciana que duerme con el Alzheimer a flor de piel y olvida el nombre de Sus hijos Todo duele en este país de mierda Duele que no podamos gritar y que se nos tape la boca Y el pañuelo verde ya no quiera significar nada Mi cuerpo es mi cuerpo aseguro, Y el violador eres tú. Me duele la mujer del país de al lado que también sufre Porque su hijo le escupe la cara, Porque su marido es delincuente y viola todas las noches Porque sus vecinas no pueden denunciar lo que pasa Por el maldito miedo. Me duele la mujer que camina descalza y solo la cubre el sol y el frìo Y le llaman loca o puta La mu
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  Y es esta hora aceite del insomnio Planetario de donde vengo Laberinto donde no hay nadie Donde las sombras escandalizan al ojo y los latidos Hoja amarilla que cae del árbol Palabra que jamás será pronunciada y no por ser pecado. No hay plegaria que nos salve esta noche Cuando hemos jurado no mencionar la desnudez Cuando hemos jurado no mencionar nuestros cuerpos juntos Cuando hemos jurado no mencionar otra vez el insomnio Somos la catástrofe que todavía no acaba @ Karen Valladares Tomado del poemario: Insmonio Todos los derechos reservados

Entro en la habitación sola

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E ntro en la habitación sola   y la luz rasguña de golpe la palabra. Digo algo entonces, digo la palabra nube   Digo la palabra tren La palabra locura Laberinto Ariadna Ovillo Minotauro Muerte Vestido negro Luto Entro en la habitación sola y la luz rasguña de golpe la palabra Cierro los ojos Y caigo en todos los abismos cercanos.   @Karen Valladares  Tomado del poemario nosotros ese mar ese silencio.

Diario

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10   de mayo   2020 Llueve, es domingo,    y no sé cómo se escribe la lluvia. No sé cómo se escribe el viento No sé cómo se escribe ventanales opacos Mi corazón es por ahora un puente tambaleandose

xx

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Madre descuartiza a sus dos hijas en Honduras, Noticia real, Honduras, noviembre 2019 H e perdido la cordura, no reconozco el rostro pequeño de mis hijas ni la voz de ellas gritando en los al rededores de la casa , no me reconozco en los espejos ni en el reflejo del agua clara. He olvidado mi nombre, puedo llamarme, Sofia, Eleonor, Lizeth, Virginia, no sè còmo me llamo. He olvidado el nombre de mis hijas, su sombra tambaleante como duendes debajo de los árboles o de los sofàs. A nada le temo cuando estoy sola en la casa. O pueda que a veces me vuelva loca. Dibujo cuerpos desnudos en las paredes , jeroglíficos que jamás entiendo, me veo al espejo y no sè quièn soy. Tengo la mirada dilatada. Y el corazón es un puñado de abejas que pican con rabia. El insomnio tiene meses y meses de volverme loca, no sè què significa la noche, no, no es ningún pájaro oscuro, no es ninguna moneda cubierta de sombra de algún árbol o de alguna cosa màs grande. Les juro, vivo sola, no ten

Esperma.

Probé tu esperma mientras sostenía el vaivén de tus caderas y mi rostro respiraba lento el sudor pálido de tu pelvis. - Hacia frío- pero eso no era importante para nosotros. Tampoco la oscuridad de la habitación blanca. Importaban otras cosas en ese momento. Importaba reconocer tu piel sobre mi piel desnuda Y el áspero de los gemidos. El síndrome de meniere se apoderaba de mi pero yo fingía tener el perfecto equilibrio. Aprendí de memoria tu olor Y saboreé con mi boca cada parte de tu cuerpo, supe entonces que te pertenezco. Ahora tu cuerpo desnudo pronuncia lentamente mi boca. Derechos reservados, Karen Valladares.