Creo que duele menos estar solo con tu recuerdo, bajo este cielo duro, bajo este viento espeso, bajo miradas agudas que preguntan: "¿Por qué sufren tus manos en las tardes'? "¿Por qué no vienes, sin la hoguera de su pecho lejano, y te diviertes con nosotras?"
Poder asirse el alma sería eso. Y renunciar para siempre al sitio donde me espera el viento acariciando tus cabellos.
Lo sabes.
Contigo no me cabe el mundo en las venas. Pero sin ti soy demasiado pequeño, para esta calle de labios grises. Créeme, tu ausencia quema, alma mía. Y tu recuerdo duele. Ahora soy, por ejemplo, el esqueleto de una casa incendiada, que se duele en el fondo de la ceniza. Y grito: "Llevadme llamas con vosotras, a cualquier parte. No me dejéis ardido de escombros. Llevadme, en vuestros lomos, porque me duele el calvariento recuerdo de los pájaros que cantaron en mi techo, por las tardes."
Y solo pasa el humo,
frente a mis manos
que claman sin escuchas.
Así todos los días amante mía.
Créeme, pero me duele más tu recuerdo, amor mío, que mi vencida soledad.
Para que los pasos no me lloren, canto. Para tu rostro fronterizo del alma que me ha nacido entre las manos: canto. Para decir que me has crecido clara en los huesos amargos de la voz: canto. Para que nadie diga: tierra mía!, con toda la decisión de la nostalgia: canto. Por lo que no debe morir, tu pueblo: canto. Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte: tu, interrogación de frutas y mariposas silvestres, no perderás el paso en los andamios de mi grito, porque hay un maya alfarero en su corazón, que bajo el mar, adentro de la estrella, humeando en las raíces, palpitando mundo, enreda tu nombre en mis palabras. Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos, porque viene al encuentro de mi dolor humano. Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca. Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre, para que nunca baje al lugar donde nació la traición del vil que ato su corazón a la tiniebla inegándote!
Flavio Herrera,
~ El Beso ~
Se iluminó la estancia de una venusta gracia
cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa,
mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia
cortándole a la vida su más intacta rosa.
¿Qué jugo, di, qué jugo el corazón invoca
tiene como tus labios tan íntimos dulzores?
Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores
las mieles trasegadas al panal de tu boca?
¡Oh, beso! con la gloria de tu emoción celeste
-comunión de alma y boca, brasa y diafanidad-
abriste en el más puro de los espasmos: Este,
a nuestro barro efímero rutas de eternidad.
Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nunca ahíto,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos de un beso el infinito.
Mario Payeras
El pensamiento es un extraño pájaro
El pensamiento es un pájaro extraño
que se alimenta de sus propios yerros.
Toda filosofía guarda algo de los sofismas
frente a los cuales se erige como verdad.
De residuos de teoría construimos el martillo
para demoler lo viejo.