jueves, 30 de julio de 2015

Soledad.







La soledad me causa asco, este vacío, este mar que no tengo
Esa brisa lejana, el silencio, signos de locura. Ventanales rotos,
Cualquier cosa que se parezca a ti, el silbido de un pájaro moribundo, el verso silencioso, la noche debajo de un velo rasgado. La palabra mutilada. Tu voz sobre mi voz.
Nuestra desnudez, tú lejano, yo aquí, llorando a cantaros, fingiendo que vivo. Soy un pez volando sobre el agua.
Deriva, amnesia del olvido, crucifixión de cualquier cosa, pero nada me causa el llanto, el grito, el horror de creer que no te pertenezco, me duele profundo tu ausencia, no estás y quiero gritarlo a los cuatro vientos que no me importa esta soledad .

@Karen Valladares

jueves, 23 de julio de 2015

Hoy no tengo màs que frìo.










Hoy no tengo nada màs que frìo.

Màs que una soledad que asusta al niño pequeño de la casa,
màs que un silbido del viento de la lluvia de esta madrugada.

Hoy no tengo nada màs que frìo,
pero a nadie le importa
cuando digo que mi corazòn es ahora una pàgina en blanco.

Me llueve por dentro.
Me desmorono cada vez que pronuncio como uno canto de lucha, tu nombre.
La soledad apesta adentro y afuera. Y no hay nadie escribiendo sobre ella.
El ùnico abrigo que tengo
tiene el color pálido de tus ojos;
pero a nadie le importa esto.
Ni siquiera a mi. Que vengo diciéndote que mi entre pierna suda por vos.
Que mis manos y mi cuerpo entero hablan de tì con locura.
Pero hoy no muestro ningún signo de locura.
Hoy no muestro mi desnudez al espejo espejo roto y tambièn pálido.


Hoy no tengo nada màs que frìo
Y sè que a vos no te importa esta soledad que lleva tu nombre y apellido por consigna

.

@Karen Valladares, tomado del libro, decir tu nombre

martes, 21 de julio de 2015

A nadie le importa esta mañana.

A nadie le importa esta mañana,
esta mañana que es un blues
a veces un tango lento
un acorde desafinado
cortina polvosa
pájaro sin rumbo,
sin viento 
sin canto.

A nadie le importa esta mañana lluviosa
opaca, maldecire el frío 
maldeciré esta soledad todas las veces que recuerde que no estas.
Maldicere mis orgasmos con todas las dedicatorias posibles
maldecire la cancioncita que me recuerda a tí
y pasará que gritaré tu nombre
y pasará que me desbordaré en llanto
se me rasgará la piel
y todo sabrá a ti.
Maldecire esta noche
y todos los ruidos en ella.
Resulta que a nadie le importa esta mañana incolora
tóxica,  agridulce,  fantasmal.
Aburrida como un cuento de Poe.
o como un poema romantíco de Neruda.
A nadie le importa esta mañana que es nada más una triste canción funebre. 


Tomado del poemario; Decir tu nombre, 

lunes, 29 de junio de 2015

Metástasis de olvido.





Sacudirme todo lo que te nombra.
Olvidar que tu nombre ahora es un pájaro que vuela lejos de mi nido,
     olvidar que tu cuerpo es una ceniza que vuela lejos
olvidar que tus ojos ya no son mis ojos
olvidar que tu voz ya no tartamudea en mi voz.

Debo irme sin miedo y angustia
sin soltar el llanto
Sin voltear hacia a atrás y tener miedo

Debo irme olvidándome de ti
de tus ojos verdes
tu cuerpo insípido
pálido
incoloro
de ti que casí jamás  supiste a nada
pero tuve miedo al decírtelo
pero aún así quise amarte brutalmente.
porque quería electrocutarme al decir tu nombre
Tu nombre que ahora es un pájaro
tu nombre que es una libélula
tu nombre luciérnaga apagada
remolino con agua
huracán enfurecido
tormenta sin causa
motivo para alejarme
crepúsculo neutro
semilla que no crece
amapola imaginaria
Metástasis de olvido.



Tomado del poemario: Decir tu nombre

martes, 23 de junio de 2015

No he de llorar ahora.

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Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares
y desgarraran las orillas de los horizontes
WISLAWA SZYMBORSKA

No me pondré a llorar ahora.
A descuartizar las horas, para que el tiempo no se aproxime a mi soledad. 
Mi corazón: sonaja, balbuceo, canción triste, chispa de lluvia.
Canción desafinada, trozo de papel arrugado.
Niño abandonado, vidrio roto,
sangre desparramándose de la herida.
Soledad, otra vez la soledad,
llanto, gritos enfurecidos.
Yo no sabré decir otra vez tu nombre.
Otra vez la soledad cuando lo digo,
Mi cuerpo desnudo, temblando, fingiendo ser feliz, pero solo.
A quién le importa la soledad en este momento.
No me pondré a llorar ahora,
ni desamarrare el grito que raspa la garganta.
Tu nombre me asfixia me mutila las cuerdas vocales. Cada vez que la pronuncio.
Entonces hago silencio. 



Karen Valladares, TOMADO DEL LIBRO DECIR TU NOMBRE.

domingo, 14 de junio de 2015

Presiento:

Presiento

Que esta lluvia tiene un solo nombre.
Que este frío entre mis piernas, tiritan un sólo recuerdo.
Hace mucho que no sé de vos.
No sé del color desteñido de tus ojos
tampoco sé del grosor eterno de tus labios bronce.
Presiento que humedeceré mis dedos
mientras pienso a escondidas en vos.
Y tocaré ahí, justamente ahí donde más te extraño.
Mis pechos, esas bronceadas colinas gritan con furia el roce de tu boca en ellos.
No estás, no estás justo en este momento cuando más pienso en vos y esta lejanía entre ambos.
Duele tu ausencia, duele terriblemente tu ausencia.
No estas, y el tiempo me recuerda que tu nombre ahora tan solo es un viejo campanario abandonado.


Karen Valladares, tomado del poemario inédito decir tu nombre.

lunes, 8 de junio de 2015

Mi corazón




Grano de arena,

Coágulo a punto de explotar

Luciérnaga apagada

Viento huracanado

Reflejo en un espejo roto.

Canción fúnebre

Pompa de jabón

Pizca de acuarela.



Partitura inexplicable

balada para un ausente,

Página en blanco,

Silencio rasguñado

Piedra lanzada al río

pez sin agua.

Torbellino algunas veces

Paisaje descompuesto




Eso es ahora mi corazón.

@Karen Valladares
Tomado del poemario Decir tu nombre

miércoles, 20 de mayo de 2015

Tu nombre es un niño moribundo



Tu nombre

Tu nombre es un niño moribundo,
un barrilete sin cielo azul

una sonaja rota y pálida un cuchillo ensangrentado que sostiene mi mano cicatrizada
un corazón que apenas late el último silbato de la noche anterior.
Tu nombre es un carrusel que da vuelta y vuelta y vuelta
y nadie puede pararlo.
Es el último dolor de parto
el olor a hospital infantil.
La soledad de este cuarto a oscuras,
el gemido del grito.
La gritería de los pájaros nocturnos
que me traen remendado tu nombre que es de color verde.
Nada puedo decir esta noche
tu nombre es mi último himno fúnebre.






Tomado del libro Decir tu nombre

martes, 12 de mayo de 2015

Los girasoles ciegos, Alberto Méndez






Los girasoles ciegos es un libro de relatos de Alberto Méndez, compuesto por los títulos siguientes: "Si el corazón pensara, dejaría de latir", "Manuscrito encontrado en la cueva", "El idioma de los muertos" y "Los girasoles ciegos". Fue publicado en 2004 por Editorial Anagrama y está ambientado en la Guerra Civil Española. Ha inspirado la película homónima dirigida por José Luis Cuerda en el año 2008, basada en el cuarto relato de la novela .
El libro contiene cuatro relatos centrados en la Guerra civil española y en los años inmediatamente posteriores. Desarrollado en cuatro capítulos datados en 1939, 1940, 1941 y 1942, capítulos que son cuatro historias autónomas que confluyen entre sí de manera alterna: el primer relato con el tercero y el segundo con el cuarto, confluencia que no es decisiva, en todo caso. Así la de Carlos Alegría enlaza con la de Juan Serna ya que ambos comparten la misma galería nº 2 de la cárcel de Porlier; la de Juan Serna con la de Los girasoles ciegos ya que Juan es hermano de Luis a quien conoce el niño Lorenzo; con ésta también enlaza la del niño poeta, pues su esposa Elena es hija de Ricardo y Elena.







“Primera derrota: 1939 o Si el corazón pensara dejaría de latir”: la historia de un militar durante la Guerra civil española, del bando franquista en la batalla de Madrid, que se rinde a los republicanos en cuanto supo que éstos iban a rendir sus armas a su bando.




“Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido”: el diario de un muchacho poeta que huye de las tropas franquistas. Que, en su viaje hacia Francia, se ve atrapado en una cabaña en las montañas entre Asturias y León, alejada de tod o, donde ve morir a su mujer en el parto, quedándose al cuidado de su bebé, sin ayuda ni medios. Un muchacho poeta que vive una vertiginosa historia de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses.




“Tercera derrota: 1941 o El idioma de los muertos": relato sobre una cárcel franquista, de la vida en ella, de la derrota y de los hilos alargados de la guerra, de la muerte, de los fusilamientos, del final, de la nada...Un preso de la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado como tal.




“Cuarta derrota: 1942 o Los girasoles ciegos”: historia de “un topo” - un republicano oculto en un escondite de su casa - , y de su familia, en la ciudad de Madrid en los años posteriores al fin de la guerra civil; contada a través de los ojos de su hijo y de un diácono que circula por los alrededores de la vida de su familia, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama venganza contra el vencido.



TEMAS

El tema principal de la obra es la derrota; pero no sólo la derrota del bando republicano por las tropas nacionales, sino de distintas derrotas, de derrotas en la derrota, habla de personas concretas, de desastres individuales debajo del gran caos de la pérdida de la guerra.
Lo decisivo es la narración de cuatro formas distintas de derrota, de hundimiento, de encono, de odio, de ojeriza.

Otros temas:


La Guerra Civil y sus consecuencias políticas y sociales: la obra es el regreso a las historias reales de la posguerra narradas en "voz baja" acercándose a la dura realidad de amigos, familiares desaparecidos o ausencias irreparables provocadas por la guerra. Es una evocación de la Guerra Civil, pero no de sus lances bélicos, no de las batallas, sino de sus efectos humanos, de cómo los derrotados lo fueron con saña y con aplastamiento.
Reflexión sobre los hombres, sobre los perdedores de aquella guerra, sobre el ser humano como individuo, como protagonista de su propia historia y de la historia con mayúsculas.
La derrota social y política ante una victoria moral ideológica

sábado, 25 de abril de 2015

Sauce ciego, mujer dormida de Haruki Murakami

Sinopsis
Sauce ciego, mujer dormida está compuesto por veinticuatro relatos en los que el aclamado escritor japonés Haruki Murakami mezcla con calculada ambigüedad el sueño y la vigilia, introduce elementos fantásticos y oníricos, se sirve de referentes como el jazz o permite que los cuervos hablen, pero, sobre todo, crea personajes inolvidables, enfrentados al dolor o al amor, o melancólicos, vulnerables y necesitados de afecto. Murakami en estado puro.


Prólogo:

 Por decirlo de la forma más sencilla posible, para mí escribir novelas es un reto, escribir cuentos es un placer. Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín. Los dos procesos se complementan y crean un paisaje completo que atesoro. 
El follaje verde de los árboles proyecta una sombra agradable sobre la tierra, y el viento hace crujir las hojas, que a veces están teñidas de oro brillante. Mientras tanto, en el jardín aparecen yemas en las flores y los pétalos de colores atraen a las abejas y a las mariposas, y ello nos recuerda la sutil transición de una estación a la siguiente. Desde el comienzo de mi carrera de escritor de obras de ficción en 1979 he alternado con bastante constancia entre escribir novelas y escribir cuentos. Mi pauta ha sido ésta: una vez termino una novela, siento el deseo de escribir algunos cuentos; una vez he hecho un grupo de cuentos, entonces me entran ganas de concentrarme en una novela.
 Nunca escribo cuentos mientras estoy escribiendo una novela, y nunca escribo una novela mientras estoy trabajando en unos cuentos. Bien puede ser que los dos tipos de género hagan funcionar partes distintas del cerebro y se necesite cierto tiempo para pasar de uno a otro. En 1973 empecé mi carrera literaria con dos novelas cortas, Oíd cantar el viento y Billar eléctrico; y fue después, de 1980 a 1981, cuando comencé a escribir cuentos. Los tres primeros fueron «Un barco lento a China», «La tía pobre» y «La tragedia de la mina de carbón de Nueva York». En aquel tiempo, poca idea tenía yo de cómo escribir cuentos, así que me resultó difícil, pero la verdad es que encontré la experiencia realmente memorable. Sentí que las posibilidades de mi mundo ficticio aumentaban en varios niveles. 
Y, al parecer, los lectores apreciaron esta otra vertiente mía como escritor. «Un barco lento a China» se incluyó en mi primera colección de cuentos, El elefante desaparece, y los otros dos se encuentran en la presente colección. Ése fue mi punto de partida como autor de cuentos y también el momento en el que creé mi sistema de alternar novelas y cuentos. «El espejo», «Un día perfecto para los canguros», «Somorgujo», «El año de los espaguetis» y «Conitos» formaron parte de una colección de «relatos breves» que escribí de 1981 a 1982. «Conitos», como pueden ver fácilmente los lectores, revela en forma de fábula mis impresiones del mundo literario cuando me publicaron por primera vez. En aquel momento no pude integrarme bien en el establishment literario japonés y esta situación persiste hoy día. Uno de los placeres de escribir cuentos es que no se tarda tanto tiempo en terminarlos. Generalmente me lleva alrededor de una semana dar a un cuento una forma presentable (aunque las correcciones pueden ser interminables). 
No es como la total entrega física y mental que se requiere durante el año o los dos años que tardas en redactar una novela. Entras en una habitación, terminas tu trabajo y sales. Eso es todo. Para mí, al menos, escribir una novela puede parecer una tarea que nunca acaba y a veces me pregunto si voy a salir vivo del empeño. Así que encuentro que escribir cuentos es un cambio de ritmo necesario. Otra cosa agradable de escribir cuentos es que puedes crear un argumento a partir de los detalles más nimios..., una idea que brota en tu mente, una palabra, una imagen, cualquier cosa. En la mayoría de los casos es como la improvisación en el jazz, y el argumento me lleva a donde a éste le plazca. Y otra cosa buena es que en el caso de los cuentos no tienes que preocuparte por el fracaso. Si la idea no sale como esperabas, te encoges de hombros y te dices que no todas pueden salir bien. Incluso en el caso de maestros del género como F. Scott Fitzgerald y Raymond Carver —hasta en el caso de Antón Chéjov— no todos los cuentos son obras maestras. Para mí esto es un gran consuelo. Puedes aprender de tus errores (dicho de otro modo, aquellos a los que no puedes llamar éxitos totales) y usarlos en el siguiente cuento que escribas. 
En mi caso, cuando escribo novelas me esfuerzo mucho por aprender de los éxitos y los fracasos que experimento cuando escribo cuentos. En ese sentido, para mí el cuento es una especie de laboratorio experimental como novelista. Es difícil hacer experimentos como a mí me gusta dentro del marco de una novela, de modo que sé que, sin cuentos, la tarea de escribir novelas resultaría aún más difícil y exigente. Me considero esencialmente novelista, pero muchas personas me dicen que prefieren mis cuentos a mis novelas. Eso no me preocupa y no intento convencerlas de lo contrario. De hecho, me gusta que me lo digan. Mis cuentos son como sombras delicadas que he puesto en el mundo, huellas borrosas que han dejado mis pies. Recuerdo con exactitud dónde puse cada uno de ellos y cómo me sentí en aquel momento. Los cuentos son como postes que indican el camino para llegar a mi corazón, y me siento feliz, como escritor, de poder compartir estos sentimientos íntimos con mis lectores. El elefante desaparece se publicó en 1991 y se tradujo luego a muchos otros idiomas. La colección Después del terremoto apareció el año 2000 en Japón. Este libro contenía seis cuentos relacionados de una u otra forma con el terremoto de 1995 en Kobe. Lo escribí con la esperanza de que los seis cuentos formasen una imagen unificada en la mente del lector, así que tenía más de colección monográfica que de colección de relatos cortos. En ese sentido, pues, el presente libro, Sauce ciego, mujer dormida, es la primera colección auténtica de cuentos que he sacado desde hace mucho tiempo. Este libro, como es natural, contiene algunos cuentos que escribí después de que se publicara El elefante desaparece. «La chica del cumpleaños», «Los gatos antropófagos», «El séptimo hombre» y «El hombre de hielo» son algunos de ellos.
 Escribí «La chica del cumpleaños» a petición del editor cuando me hallaba trabajando en una antología de historias sobre cumpleaños escritas por otros autores. Seleccionar cuentos para una antología es una tarea relativamente fácil para el escritor, si te falta uno, puedes escribirlo tú mismo. «El hombre de hielo», por cierto, se basa en un sueño que tuvo mi esposa, a la vez que «El séptimo hombre» tiene su origen en una idea que se me ocurrió cuando era aficionado al surfing y estaba contemplando las olas. A decir verdad, con todo, desde comienzos de 1990 hasta comienzos de 2000 escribí muy pocos cuentos. No porque hubiera perdido el interés por ellos, sino porque estuve tan ocupado escribiendo varias novelas que no tenía tiempo. No tenía tiempo para cambiar de género. Es cierto que escribía algún cuento de vez en cuando si no había más remedio, pero nunca me concentré en ellos.
 En lugar de eso escribía novelas: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Al sur de la frontera, al oeste del sol; Sputnik, mi amor; Kafka en la orilla. Y entremedio escribí obras que no eran de ficción, las dos que componen la versión inglesa de Bajo tierra. Cada una de ellas me exigió muchísimo tiempo y energía. Supongo que en aquel entonces mi principal campo de batalla era éste: escribir una novela tras otra. Quizás era simplemente una etapa de mi vida para hacer aquello. Mientras, igual que un intermezzo, publiqué la colección Después del terremoto, pero, como ya he dicho, en realidad no fue una colección de cuentos. En 2005, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo sentí un fuerte deseo de escribir una serie de cuentos. Un poderoso impulso se adueñó de mí, podríamos decir. Así que me senté ante mi escritorio, escribí a razón de un cuento por semana, aproximadamente, y terminé cinco en no mucho más de un mes. Francamente, no podía pensar en nada más que en esos cuentos y los escribí casi sin parar. Estos cinco cuentos se publicaron hace poco en Japón en un volumen titulado Cuentos extraños de Tokio y aparecen reunidos al final del presente libro. Como indica el título, todos comparten el hecho de ser extraños, y en Japón salieron en un solo volumen. A pesar de tener un tema en común, cada cuento puede leerse con independencia de los otros y no forman una sola unidad definida claramente como los cuentos de Después del terremoto. Pensándolo bien, sin embargo, todo lo que escribo es, más o menos, un cuento extraño. «Cangrejo», «La tía pobre», «El cuchillo de caza» y «Sauce ciego, mujer dormida» se han revisado en gran medida antes de traducirlos, por lo que las versiones que aparecen ahora son muy diferentes de las primeras que se publicaron en Japón.

 También en varios de los cuentos anteriores encontré detalles que no acababan de gustarme e hice algunos cambios de poca importancia. Asimismo debería mencionar que muchas veces he reescrito cuentos y los he incorporado a novelas; la presente colección contiene varios de estos cuentos. «El pájaro que da cuerda al mundo» y «Las mujeres del martes» (incluidos en El elefante desaparece) se convirtieron en el modelo del principio de la novela Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y, de modo parecido, tanto «La luciérnaga» como «Los gatos antropófagos» se incorporaron, con algunos cambios, a las novelas Tokio blues. Norwegian Wood y Sputnik, mi amor, respectivamente. Hubo un periodo en el que narraciones que había escrito como cuentos continuaron creciendo en mi mente, después de publicarlos, y se transformaron en novelas. Un cuento que había escrito mucho tiempo antes irrumpía en mi casa en plena noche, me zarandeaba hasta despertarme y gritaba: «iEh, que éste no es momento de dormir! ¡No puedes olvidarte de mí, todavía quedan cosas por escribir!». Impulsado por esa voz, me encontraba escribiendo una novela. También en este sentido mis cuentos y novelas se conectan dentro de mí de una manera orgánica, muy natural. H.M.