viernes, 27 de marzo de 2015

Una reseña más de mi poemario Ciudad inversa

Comentario al libro CIUDAD INVERSA de Karen Valladares

Por Jorge Cocio
Chile.

“Ha muerto la poesía” - Anne Sexton

Dicen algunas leyendas que cuando morimos una parte de nosotros se queda en la tierra y la otra se acuesta en el limbo. Pero nunca nos dicen cuál es la importante. Quizás buscar respuesta a ese detalle sea tan irrelevante como el preguntarse si hay algo después de la poesía. De ahí la necesidad de comentar el siguiente texto en esta estación de buses en el fin del mundo.

Esta ciudad / esta precisa ciudad / es el mundo / que nadie sueña.

Pareciera que para Karen Valladares la ciudad es un cuerpo tan íntimo como extraño, y que constantemente le remite a ella; por ende, necesita descifrarla en cada esquina. He ahí la conexión visceral que se produce cuando la palabra no tiene límites y se infiltra por la carne. En Ciudad Inversa la palabra atraviesa todo lo imaginable, pero al mismo tiempo es incapaz de romper el silencio, cruzar la soledad o la nave de la muerte.

La muerte lanzó los dados y no tuve suerte.

Desde la lluvia a los hospitales, los amantes y hasta lo más remoto de su nombre, lo que me lleva a creer en un sinnúmero de teorías alternativas sobre la disposición de las imágenes, el orden de los poemas, la sintaxis o las constantes referencias directas en las citas que hace y que no hace. Donde Borges, Girondo, Jaguares, Plath, Sexton y Bukowski comparten la misma mesa de póker de palabras vitales.

Hay temporadas en las que me hartan todas las cosas, el amor, los vestidos y los accesorios; las voces y los amigos de mierda. Por estos versos y otros que se presentan en los cuatro compases que componen este libro, Karen Valladares toma la rutina como parte fundamental de su poética. Asimismo, la intimidad del escribir se hace parte de la mirada tanto como autorreferencia, como efecto colateral del valor del acto… ¿útil o inútil?

A mí no me interesa la metáfora, o el verso, yo vivo sin parar y escribo.

Pero también podría romper todo lo dicho y plantearles otra cosa. ¿Qué pasaría si les dijere que Ciudad Inversa no es más que un conjunto de notas a pié de página de todo lo que ella quería decir? ¿Si la rabia contenida y el deseo de morir fuesen artefactos que pretenden decir otra cosa? ¿No será que esta obra plantea la muerte de la palabra y no de la poesía? Porque es fácil matar lo que a nadie le importa.

Título: Ciudad Inversa
Autora: Karen Valladares

Editorial: La Liga de la Justicia Ediciones

Algunos poemas



La abuela 


A: Lupe, a Mamachón, y Eva.


La abuela sueña con vivir siempre.
Todavía atrapa anocheceres infinitos
En la profundidad de sus manos.

Ignora al tiempo tostándose en sus mejillas.

La abuela aún recuerda
aquella guitarra marchitándose en sus dedos.
Su infancia imposible sin muñecas,
mezclada de cal, y de ríos crecidos hasta la rodillas.

Aún recuerda el nombre de sus enamorados,
y por siempre recuerda
el parto doloroso de sus hijos.

La abuela aún cree que cuando despertamos
es para nacer de nuevo.

Ella aún descubre palabras
vestidas de colores
formas y cosas.

Ella ha venido a bordar junto a mí
la transformación de sus antepasados.


Caballo blanco en el sepelio


En la ciénaga, mi caballo vigila la canción del agua
Jorge Martínez Mejía


El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio.
Nadie lo ve más que mi espíritu angustiado.
Nadie siente el frío rozar de su caminata y el meneo tembloroso de su cola.

Sufre el caballo la pérdida del que lo vio nacer,
y observa como se hunde el cuerpo en la tierra,
y como es sepultado y olvidado.

El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio,
se aleja, con los ojos vidriosos por el llanto
Desaparece corriendo y relinchando, entonando alto el canto de su despedida.


Me es indiferente ver venir la muerte

Me es indiferente ver venir la muerte
asomarse como un pájaro 
yéndose como un fantasma que lleva mi nombre en sus costados;

Me es indiferente ver llegar la muerte,
la sombría muerte,
la tardía muerte
la temprana muerte
la dolorosa muerte
la misteriosa muerte
que me vean colgada del techo,
sangrando hasta los pies,
hasta las uñas
hasta el suelo
postrada como árbol herido.

Me es indiferente 
cualquier tipo de dolor,
de angustia
de desconsuelo y desesperación,
volverme loca y andar por las calles
desconocida.
Verme elevada
como hoja seca 
caída desde hace tiempo.

Me es indiferente ver la muerte,
verla venir
verla irse y carcajearse sin piedad
arrastrando su bufanda de poemas
suicidas.


Intenté suicidarme

Intente suicidarme. 
Sigo viva por todas mis desgracias,
anotando los restos de mis días en una libreta polvosa.
La vida para mí solo era un juego de niños, un ir y venir sin propósito.

He saboreado la nada, aprendí a contemplarme, 
a desvanecerme, a sentir pudrirse la soledad.
A verme inútil todas las veces que quise,
a no tenerle fe a nada, a odiar los aguaceros y el bullicio del sol.
Odié por completo el griterío de los niños en los recreos, 
la pulcritud de los hospitales, los parques y las calles completamente habitadas.

Consumí la locura en todos mis tiempos,
absorbí todo lo que no le quedaba.
Mi nombre ahora quizá sea locura. 

Intenté suicidarme. 
La muerte lanzó los dados y no tuve suerte. 
Sigo viva,

jueves, 26 de marzo de 2015

Soy una casa deshabitada




Nos conocemos demasiado
en las palabras
que redundan
debajo de la ropa.


Ana María Vilchez, Talca 1968




Ahora me abandonas.
Jamás volverás a repetir mi nombre.
Ni seré la Penélope que deseas.
Dije tu nombre pálido todas las veces que quise,
Y al decirlo crecía como hierba en mi boca,
Hería mi piel, mi cuerpo desnudo.
La sobra descolgándose de la pared marchita.
Nada soy para ti, ahora.
Sólo tan sólo una patria que abandonas.  Y me dejas como
una casa deshabitada, sin fantasmas, sin ecos.-
El silencio estremecedor de este día que rompe los espejos.
Ahora me abandonas pero no lloro,
No muero, no escribo, no grito, no pasa absolutamente nada.


Soy la Ítaca a la que siempre vuelves cuando todo se te acaba


@Tomado del libro maldita poesía

lunes, 23 de marzo de 2015

ha vuelto la palabra de un solo golpe




Ha vuelto la palabra de un solo golpe.
Me ha inundado
Se ha desbordado de mí.
Pero esta vez no con metáforas
Esas; hace mucho se fueron.

Prefiero la simplicidad de las mismas
Aunque a veces me toca hondar en ellas.
Profundizar, y luego exprimirlas hasta que salga su última gota y no guarden silencio alguno.

Me desnudo,
Vuelvo a cruzar las piernas
a pensar en nada
a divisar la pared
y si es posible perderme en ella
como única salida.
Me vuelve la palabra
me azota
me hace temblar
tumbarme al suelo
detenerme
hacerme añicos
suspirar por cualquier idiotez
a volverme cursi
y estúpida
a decir mil veces que amo
o todo lo contrario
ser fría,
simple,
amargada;
sin escrúpulos,
ni limites,
ni espacios,
ni tiempos.
Ni nada de nada.

Pero nada.


@Tomado del poemario: Maldita poesía.

martes, 17 de marzo de 2015

Max Rojas

Max Rojas
(Ciudad de México, 1940)

Elegía como grito para una tarde de diciembre

                                                                                                     A María Elena

Desbaratado el grito, el silencio que cruje en la escalera,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
nadie grita tu nombre, nadie te espera, nadie camina
por la calle recogiendo tu sombra partida en pedacitos,
tu esqueleto partido en pedacitos, nadie te extraña,
puedes echarte a caminar mascando tu tristeza,
puedes perderte para siempre en tu tristeza,
nadie grita tu nombre, nadie te espera,
sólo el silencio que baja y te destroza,
sólo el silencio que baja y te aniquila,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
nadie camina desde la oscura zona del derrumbe,
nadie te espera, di buenas noches, estoy triste, busco a Elena,
la he buscado en todas las grietas de la tarde, no la encuentro,
estoy palpándome ceniza y no la encuentro,
busco a Elena, no vendrá nunca, dile que venga, no vendrá nunca,
llámala hasta que el musgo te nazca en la garganta,
llámala hasta que tu garganta sea de musgo, no vendrá nunca,
di su nombre, repítelo hasta que la lengua se te caiga,
repítelo hasta que los dientes se te caigan, no vendrá nunca,
sólo el silencio que cruje en la escalera te acompaña,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
nadie te espera, di buenas noches, tengo miedo, busco a Elena,
puedes echarte a caminar buscando tu tristeza,
puedes perderte para siempre en tu tristeza, no vendrá Elena nunca,
di su nombre, graba en la noche su perfil de sombra,
su rostro de neblina, su cuerpo sepultado en caracoles,
di su nombre, repítelo hasta que los dientes se te crujan,
clávalo en tu memoria como una enredadera de moluscos,
di su nombre, guarda lo casi nada que te queda, el último sollozo,
el recuerdo como una abandonada calavera, el llanto en pedacitos,
pregunta por Elena, desbaratado el grito,
desbaratados tú y tu sombra que se hunden bajo el grito
                                                                             /crujiendo en la escalera,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
sólo tu soledad que llega crujiendo en la escalera,
no está Elena, besa la oscura zona de sus labios,
no está Elena, muerde su sombra fría, no vendrá nunca Elena,
seguirás esperando, seguirás caminando su oquedad con los dedos,
seguirás consumiéndote en tu furia, no vendrá Elena nunca,
recoge su tristeza, envuélvela en su grito,
dile que busque a Elena por las calles,
dile que llame a Elena en las esquinas,
no vendrá nunca, seguirás esperando,
seguirás caminando los muros de la noche,
seguirás destrozando las paredes del sueño,
di su nombre, repítelo hasta que el miedo te derrumbe,
no hay remedio, bajarás con tu sombra al fondo de la tarde,
beberás en la tarde del grito que te ahoga, desbaratado el grito,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
no vendrá nunca Elena, desbaratado tú y tu cuerpo, no vendrá
                                                                                      /Elena nunca,
sal a la calle y grita, búscala en donde sea,
rompe las puertas, destroza las ventanas, derriba las paredes,
no ha venido, pregunta a los que pasan, no ha venido,
asómate al espejo, Elena, ven, gritando al borde del espejo,
no ha venido, seméjate a su sombra, parécete a su ausencia,
no vendrá nunca, todo duele, nada importa,
desbaratado el grito, el sonido que llega de repente para decir
                                                                                    /no hay nadie
nadie camina subiendo la escalera, no vendrá nadie,
sólo tu soledad que sube crujiendo a tu esqueleto,
sólo tu soledad crujiendo en tu esqueleto, desbaratado el grito,
desbaratados tú y tu cuerpo, y el grito con que gritan,
mira tu cuerpo que se hunde en el espejo,
mira tu cuerpo que se hunde tras tu grito en el espejo,
entrarás al espejo, seguirás a tu cuerpo que se hunde
                                                                  /tras su grito en el espejo,
te hundirás tras tu cuerpo y tras tu grito en el cuerpo de Elena,
                                                                             /oculto en el espejo,
volverás del espejo con el cuerpo de Elena metido entre tu cuerpo,
ámala y sálvate, ámala y quiebra tu alarido, no vendrá Elena nunca,
seguirás esperando, seguirás escarbando entre la noche
                                                                                  /en busca de su cuerpo,
no vendrá Elena nunca, quedarás para siempre roída la conciencia,
amargo el llanto, fúnebre el recuerdo, no vendrá Elena nunca,
sólo la sombra de su sombra habita en el espejo,
sólo la sombra de tu sombra baja crujiendo la escalera,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
no vendrá nadie nunca,
puedes echarte a caminar mascando tu tristeza,
puedes perderte para siempre en tu tristeza,
nadie jamás te llamará en la noche,
nadie jamás recogerá tu cuerpo partido en pedacitos,
tu esqueleto partido en pedacitos,
desbaratados tú y tu calavera abandonada,
un sonido de luna se derrumba, un sonido de espanto se desploma,
vete por el espejo, Elena, ven, gritando en el espejo,
ámala y sálvate, ámala y quiebra tu alarido, no vendrá nunca,
ámala y húndete en la furia, no vendrá nunca,
desbaratados para siempre tú y tu cuerpo,
desbaratado el grito, el silencio que cruje en la escalera,
el sonido que llega de repente para decir no hay nadie,
no vendrá nunca nadie,
y cerrar esta puerta.
 

lunes, 16 de marzo de 2015

Tu nombre huele a lila







Ver el cuerpo desnudo,
la herida, la llaga
el llanto inevitable cada vez que te vas.

El susurro del viento helando los pies descalzos.
Todo esto duele inmensamente.
Pero tú no lo sabes.-
Tú no sabes cuánto duele tu ausencia.-
Finjo que soy feliz,
Que todo está en orden
Que he olvidado como se dice tu nombre
Tu nombre huele a lilas
Me invade el pánico,
Me invade la soledad, pero no importa.
Aquí no hay nada que realmente importe cuando te vas, y jamás regresas.

@Karen Valladares
Tomado del libro maldita poesía

jueves, 12 de marzo de 2015

Una reseña más del libro ciudad inversa, por la poeta mexicana MÓNICA GAMEROS

CIUDAD INVERSA
KAREN VALLADARES
(Honduras, Poeta del Grado Cero)

Nadie olvida la distancia y sus colores bipolares.
Aquí nada vale. Todo ha muerto.
El silencio ha vuelto a posesionarse de mi boca.


Ciudad inversa o los días de la agonía o los días del exilio o los días de la sombra que nos cubre sin que podamos evitarlo, una sombra llamada poesía, contemplación, una sombra que llega sin que se le pida, sin que se le espere o sea anhelada.
Karen Valladares y sus pasos silenciosos recorren la ciudad donde vive mientras las calles, las ventanas y los callejones le hablan, a ella, la poesía se le desborda por los ojos, por la lengua y hasta por las manos parapléjicas y con esto habla de la miseria, de la tristeza, de lo incivilizado que es este mundo lleno de salvajes egoístas.
La poeta se duele y se recuerda y se conmueve, la poeta es en círculo continuo, la niña solitaria que juega con los fantasmas de la casa, la gran casa de la familia, con sus patios, con su luz, con su historia llena de fantasmas, no como su casa que vacía está llena de ausencia y de vacío.

Sobra el tiempo
para enamorarse,

para leer un  libro.

Para sentarnos en el techo de la casa
y mirar el cableado de la ciudad y no el cielo.

Karen sigue su canto melancólico donde añora la calma, la paz, ese sentido de equilibrio que nunca se consigue cuando se es poeta. Sus ojos son llave maestra, lengua muerta, silencio que estalla y lo rompe todo, con toda mala intención, con el propósito de provocar hastío, melancolía, incomodidad…

Mis ojos no son ya aquellas calles solitarias y muertas,
la piedra que golpea la tibia mirada que no observa. Silencio

Quién sabe qué provoca el encierro de las grandes ciudades en la poesía que fluye por los ojos, se clava en la mente y se desangra por la lengua, el caso es que las ciudades evocan siempre un encierro invisible, una forma de desaparecer sin que nadie lo note, nos convierte en número, estadística, base de datos y nos roba la vida, el día, la vida…

Cabalga la noche sobre la ventana
como la lluvia sobre los rostros,
como la ciudad sobre la palabra.

Si la palabra es sentido, la poesía es locura, no enferma tampoco sana, no es una arma que salve la vida de nadie pero salva la  vida de quien la acepta sin condiciones y se fuga cuando menos lo piensas, cuando el silencio invade tu pensamiento y obstruye tu palabra, y te deja hueca y te orilla a la miseria que nos arrincona sin entender nada, sin aceptar nada, sin importarnos nada.
Se me han agotado las palabras.
Que alguien me diga qué decir entonces.

Como en su dedicatoria inicial, Karen cierra su poemario con su sentencia de muerte para la poesía, para la rima, para la métrica, para el soneto y da rienda suelta a sus imágenes de lo cotidiano, del luto amoroso, de la orfandad de la ausencia que le acompaña desde siempre, sólo para no darle espacio a la fragilidad de la poesía simple, la cursi, la que busca el agrado y el aplauso fácil, y sin importarle nada cuelga la pluma, rompe el papel, se desgarra y de ella brota, quizá en contra de su voluntad, la poesía, la real, la sucia, la que insolente, rasga y deja una herida que sangrará cada vez que el libro sea abierto.

Mónica Gameros

México


Algunos poemas de ciudad inversa

Algunos poemas de Ciudad Inversa



Me ha traicionado la poesía 

Se fue la palabra 

La imagen, 

la metáfora 

Los libros buenos, y no tan buenos. 

Se fue al carajo todo. 

Y yo me quedo hundida en la nada.




Debo elegir la rabia



Debo elegir la rabia,
 la furia, el llanto y el grito y la herida y otra vez la rabia.

Veo que corre mi sangre, que no es mi sangre, 
y siento que aquí nadie puede ser feliz.

Ser feliz es una maldición.

Hay que vivir como si nada importara,   
golpeándose el pecho; elegir la rabia, 
tomar un poco de ron, y pensar que nada importa.

Elegir el fuego, el insulto, la voz irritada,
 la queja, la mano empuñada, la casa vacía, la soledad, la mesa sola.

Vuelvo a elegir la rabia,
 y pienso en toda la mierda que debo decir. 
Esta noche será húmeda hasta los ojos, 
y no por la lluvia de este invierno inconcluso.

Pienso en el invierno, 
en las hojas cayendo de los árboles,
 en el moho de las paredes, en el aullido de un gato, y me da rabia.

Vuelvo a elegir la rabia porque todo es una terrible porquería.
 Nadie se ama, nadie se toma de la mano, 
nadie se besa. El amor no es cierto.

Elijo la rabia para detener el tedio
de esta casa sin vida.




Hoy no he muerto




Aviéntame hasta donde quieras.
Caifanes


 Hoy no he muerto,
no tengo cerrados los ojos
ni amordazados los labios.
Ni el cuerpo endurecido.

Hoy no pienso dejar este mundo
no pienso enfermar de gravedad
no pienso dejar que me entierren bajo tierra
sin ningún motivo
sin ninguna excusa válida para no seguir viviendo
sin ninguna excusa que realmente valga la santasíma pena.
No, hoy no he muerto, mi corazón todavía late,
todavía siento fluir mi sangre
y eso, que no sé si es precisamente roja.
Y si corre realmente por mis venas o fuera de ellas.

Hoy no he muerto, 
no me veo confundida por escoger caminos
no me han colocado en un ataúd, ni me han cruzado las manos
para sostener un crucifijo sin ningún significado;
ni he escrito ninguna carta para mi enamorado.

ni para mi hijo que apenas balbucea sus primeras voces.
Ni para mis viejos vestidos que guardo en el armario
ni para la anciana que pasa a diario por la casa.
Y es que quisiera decirle tantas cosas.

No, hoy no he muerto, todavía siento mi pulso
todavía parpadean mis ojos
todavía descifro enigmas en tu espalda
todavía descubro mi nombre en tu boca
todavía,
todavía
todavía suceden todas las cosas que yo quiero.




Follemos
Si quieres follemos hasta morir…
Manuel Vilas



Todavía respira el día.

Todavía mi cuerpo siente,
todavía mis piernas están abiertas,
todavía me encuentro con el cuerpo desnudo,
con los pechos erectos,
el vientre enfurecido.
Mis muslos sudorosos
mis pies descalzos bajo la sábana.
Toda dilatada,
toda yo húmeda
toda la casa excitada
todo el jardín oliendo a sexo.

Yo, la mujer desnuda,
sola, frente a vos,
para que me hagás a tu antojo.
Sacúdime,
estreméceme;
sácame los fantasmas
los espíritus inmundos,
mis demonios.
Arráncame los insomnios y las noches profundas.
Sácalo todo,
sacúdime, alborotá mi pelo, mis ojos.
Mi nombre lánzalo a las paredes, hacelo añicos.
Rómpeme. sin tabú. 
Desaparéceme en tu cuerpo 
erecto. 
Desaparezcamos juntos, 
en un grito,
donde nuestras voces se unan en una misma sombra,
una misma silueta, un mismo espejismo,
un mismo suicidio.
Una misma sangre.
Vamos, no hay tiempo suficiente.
Las horas se adelgazan, se vuelven transparentes, 
hurañas, indiferentes.
Vamos, follemos hasta que amanezca 
y se nos acaben los aullidos, los orgasmos y el Kamasutra. 
Follemos vida mía, que nada interrumpa nuestra desnudez 

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