jueves, 23 de abril de 2015

Paola Valverde Alier , Y su más reciente poemario Bartender


Fotografía: Propiedad del autor.


A Paola la conocí allá por el 2004- para cuando se casó con nuestro poeta Dennis Ávila(poeta hondureño que ahora radica en Costa Rica), nos vimos en un encuentro iberoamericano de poesía joven en Vásques de Coronado en 2010 ciudad ubicada en los alrededores de San José.  Paola Valverde y Dennis Avila manejan ahora uno de los bares más movidos y a mi criterio y al de muchos más importantes de San José.  Si alguien sabe de vida nocturna y de bares son ellos. Trabajar largas jornadas, y hacer de este local no solo un bar sino una institución socio-cultural, donde muchos artistas nacionales y extranjeros presentan su obra.  Es una labor admirable Tuve la oportunidad de ver la capacidad y la calidad del trabajo de Pao, cuando ella decidió  presentar  lo que sería para ese entonces su primer poemario LA QUINTA ESQUINA DEL CUADRILATERO,; el bar Rayuela, o el Lobo Estepario conocido con ambos nombres, estaba completamente lleno, medios de comunicación, poetas y no poetas,  esperando ver una lectura sencilla de la presentación de ese libro.  Comenzó la vida en el bar, algo hermoso,   vimos el show, porque la presentación fué un evento mágico, Pero esa es otra historia al terminar recuerdo que Paola me comentó junto a Dennis, que trabajaba en un nuevo poemario basado en la vida de un Bartender, en sus historias, en sus momentos más precisos y todo lo que se sacrificaba para serlo.   Si alguien sabe de eso, es ella, Paola es ahora una de las poetas más potentes de Costa Rica, una de las gestoras culturales con mayor respeto en su país, si alguien sabe qué es un BARTENDER sin duda es Paola, sabe las horas oscuras, las iluminadas, las veces necesarias en la que se debe abrir la boca para callar la noche, las veces necesarias en las que había que sacar algún loco de su locura, adivinar el misterio de una mesa sola a media noche, con una chica que jamás llega. BARTENDER es un poemario movido, un jazz, una milonga que dedica a un par de amigos, un brindis con sus poetas preferidos. 


BARTENDER
 A César Angulo y Jonatan Lépiz

 Intercambio un pulso con el cansancio
mientras la vida baraja
el inventario de los hombres solitarios
y mujeres en busca de otra historia.
Recojo botellas, pongo cenizas en su lugar.
 Limpio la barra y ese chico repite teorías incongruentes.
Las madrugadas son largas la poesía no existe
 todos perdieron su hemisferio.
A veces dejan propina otras, una amarga sensación de torpeza.
 Soy su bartender
mucho más
que una sonrisa
amable
 que vende.





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MERCADO BORBÓN
 Nos gustaba comprar en el Mercado Central
 sus pisos nítidos
 su mercadería colgante
las plantas medicinales distribuidas
 por orden de color.
Su aroma a grano de café
mezclado con maní y pan recién horneado.

 Amábamos los pescados
 en su cama escarchada
sacados de un cuento de esquimales.
Cada paso que dábamos era un hallazgo
 y cuando finalizábamos las compras:
 la sopa de pollo de doña Antonia.
A los pocos días con los bolsillos vacíos
 y la cordura en jaque decidimos aventurarnos al temido mundo del Borbón.

Tomados de la mano cruzamos el umbral
que nos separaba del infierno.
remolino de gatos nos dio la bienvenida
 sintiendo en cada paso esa sensación relajada
 de los campesinos en su mecedora.
20 Las manos de Guayasamín
seleccionaron la mejor verdura
 mientras vos hablabas del próximo partido de la Champions.
 Te besé sin soltar las bolsas
y regresamos al bar esquivando
los puños de una tarde lluviosa
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LA PRIMERA MILONGA
A Tania Segura y Pamela Camacho

Un farol inventado ilumina la ciudad.
De la puerta cuelgan dos siluetas atadas a una manta.
 Bailan tango la morena cela al gaucho.
Son reptiles sin soltar la mirada ni caer rendidos.
 La neblina va poblando el salón.
Su lamento sabe a astilla su deseo a yedra.
Así se baila el tango: multiplicando los orgasmos.
 El soundtrack de El jardín de las delicias fue compuesto por Pugliese

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II.
Aquí se derrumba el límite
 de una ciudad
porque el amor no es otra cosa que un templo
columnas de cielo sosteniendo al barco.

Soy la ruta del descenso
mis manos caen como anclas sobre ti.
Levantarnos despertar el silencio acantilado
rasgar la tormenta con el sol al hombro decir:
yo te buscaba te buscaba en el encuentro
de tus mitades en la atómica composición
del aire
donde un cuerpo balancea al otro sin hundirlo a pesar del peso
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SALUD POETA

A Alejandro Cordero y Diego Mora


Acomodamos la mesa
los vasos con agua los micrófonos.

 Bajamos las luces del salón encendimos
la lámpara junto a la celosía quebrada.
Pedimos silencio.
 Muchos se levantaron
jamás volvieron un martes
jamás volvieron.
En esta ceremonia sagrada
solo se perdonaba el sonido
de la licuadora cuando a alguien
en lugar de cerveza se le ocurría pedir un maldito batido de papaya.
 Había reglas:
podías hacer tu pedido antes o después
de cada poema
 pero nunca pasarle por encima al poeta aunque tuvieras sed.
Ocuparon la mesa voces encontradas aplaudidas abucheadas 25 amigos que después fueron enemigos amigos que siempre lo fueron.
Cada quien tenía un espacio en los grafitis del baño más inteligente del mundo.
 De pronto todos escribían:
el cocinero/ el fotógrafo/
la aeromoza
el indigente
 con el que nos quedábamos
toda la madrugada bebiendo mientras decía sus poemas de memoria.
 La barra era atendida por poetas.
Los dueños del bar, poetas.
Los organizadores de las lecturas,
 poetas y sus novias imaginarias también.
 Se colaban editores/ periodistas/ coreógrafos dependientes
de ferreterías y reparadores de microondas.
Se emborrachaban
para asaltar el micrófono una vez que los poetas invitados abandonaban el trono.


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lunes, 13 de abril de 2015

Decime



                

Recuérdame después de haberme ido…
Cristina Rossetti

Decime a qué sabe olvidarte,
olvidar la palidez de tu cuerpo
Y a veces de tus ojos verdes.
 Fingiré que no me importa nada
Que me da vergüenza repetir tu sombra en mi pared
Que ahora solo sos un ciprés triste.
Duele tu ausencia
Duele este llanto que me desborda
Que me ahoga
Que me suicida todas las veces que se le pega la gana.

Decime a qué sabe esta madrugada sin vos
Tengo miedo de abrir los ojos y ver el vacío profundo en mis manos.
Qué hago ahora, que no soy nada
Más que un trago insípido
Un beso fugitivo
Nada soy
Nada tengo que ofrecer a otros brazos

Moriré y hare de la repetición de tu nombre mi último himno fúnebre.


@Karen Valladares, tomado del poemario, decir tu nombre

Hoy inicia taller de creación literario en el CCET del 13 al 17 de abril de 9 a 12 am

HOY INICIA TALLER DE CREACIÓN LITERARIA CON MAYRA OYUELA, EN LAS INSTALACIONES DEL CCET

nació en Tegucigalpa en 1982. Ha publicado los libros de poesía “Escribiéndole una casa al barco” (il miglior fabbro 2006), “Puertos de arribo” (Casa de poesía, Costa Rica 2009) Sus poesía aparece en varias antologías nacionales e internacionales en entre las que destacan “Papel de oficio” (paíspoEsible 2006), “Puertas abiertas” (Fondo de Cultura Económica, México 2011). Ha participado en festivales de poesía en España y varios países de América Latina.



POEMAS DE MAYRA OYUELA






TRANVIARIA




Llevo al mundo como pendientes en mis orejas;


rozo con mis pestañas a los desconocidos,


beso manos de transeúntes


(hormigueo en los labios).


Qué alguien me aborde,


soy el metro que esta ciudad jamás conoció,


atrevidos en mí todos los años,


en mí el transcurrir,


en mí la palabra ventrílocua de cada estación,


en mí la espina y el diente que muerde la rosa de lo oculto.


Mis muertos no son sombras raídas en la luz.


Qué alguien me aborde,


sé cuál es el principio y el final de este cuento.


Qué alguien suba y se detenga en mí;


mis ojos son túneles que dan a cualquier lugar,


mis manos paredes para reposar en lo oscuro,


mis brazos sillones para que vengan a hacer el amor.


Roto ya todo lo íntimo en mí,


he de saberte andar, mundo,


con los puños cerrados en señal de auxilio y no de defensa


cerrados para llevar en ellos el resto de aire


que no supo caber en mis pulmones.


En la imperfección esta lo bello.


No necesito ser el poeta sino el poema,


la belleza está por encima de la lógica de cualquier poeta.


Necesito andarte despacio, camino,


no me detengo en el asombro de saber llegar, mundo:


en tus barrios, tatuadas están las paredes de calcárea sumisión,


en tus barrios fue donde aprendí a defender el descenso.


Soy el metro que esta ciudad jamás conoció;


en mí las volantes con fotos de desaparecidos,


en mí túmulos de palabras que alguien no supo barrer bajo la alfombra,


en mí el transcurrir.


Que nadie venga a preguntar por qué no te describo, esperanza,


yo hablo de esa otra belleza que no está en lo bello.


Abórdenme predicadores de la tarde,


zanates, pirueteros, estudiantes: no olviden el punzón


y escriban en la oquedad de mis vagones


teléfonos para citas de amor,


DJ, bartenders y todos con título de extranjerismo en su profesión,


suban carniceros del San Isidro, conserjes y putas,


albañiles vengan a devolver la sonrisa


a las princesas de los domingos.


Mujeres: describan con su carmín la caricia que no les tocó,


suban, fresitas de las High School, madres solteras, suicidas,


docentes, vengan a traficar perfumes traídos del Canal de Panamá.




Vengan a abordarme; en mí el transcurrir, todos los años,


el suspenso del que anda a tu lado, a pesar de su humanidad.



Sé quién soy,


basta una palmada en el hombro


y retorno a mis pies nauseabundos de sueños,


basta una palmada en el hombro


y retorno a mí,


al anonimato,


a la flatulencia, a la humana que soy.


¡Abórdenme!


soy el metro que esta ciudad jamás conoció,


vengan y calcen mis pies


ya que nunca podrán calzar mis zapatos.





SAL



La sal fue la bebida de tu infierno,


indefensas a la hora del bullicio


tus mejillas no eran rosas por el rubor,


ni por la bofetada que palpó levemente tu ironía.


Vos Desnuda al crepúsculo


ahogada en la sed del reptil que llevas atado a tu pie.


Haciendo de tripas sangre,


de vísceras olfato,


de carne olvido.


Nadie encontrará tus pasos bajo la argamasa.


Soltá el arma, encendé la vela,


la cuidad es una bestia que tirita de frío en tu ombligo.


Ya no hay más que esperar


no hay llantos de niños que se raspan las rodillas,


esos niños saltaron la orilla de tu cama y ahora son hombres.


Que los recuerdos no retocen como perros afeitados


lamiendo la piel que se mezcla con el polvo


de una habitación ajena


con hedor a cerveza,


a caricia que sabe a jabón de hotel,


a manos que atraviesan pubis


de esa otra, que despertó al lado de su abismo


socavando en su cuerpo la sabia mordaz de otra fosa.


Lejana es la piel de ese hombre


con el que despierta en silencio y muerta de cansancio.


Que sean otras las que cobardemente acepten el reclamo


de un -hasta que la muerte los separe-


no tengas miedo


que hasta la más bella guarda en su memoria


una mañana insegura en los brazos del hombre equivocado.







AHORA




Ahora que todo es invierno


ahora que la melancolía corroe la escalera de lo incierto


ahora que fracasamos en lo íntimo


y el café fue ceniza fría


que llevaron en sus pies los astronautas.


Un almendro frondoso es mi memoria


anidada en él está toda la luz que nos habita.


Mi cuerpo aún es arena invicta


y sobre él


no existen barloventos


que disuelvan tus pasos.


Acá no existe el milagro del retorno


acá sólo la humedad de un tronco encallado


acá sólo el salitre pegado a las persianas


acá la brisa que lava tiernamente la barca que aprieta mis pulmones


acá todas las noches


un beso húmedo de laberintos


me cierra los párpados.








BALLENA DE SAL




Una ballena de sal


apareció muerta


en la Plaza Central de Tegucigalpa.


Nadie sabe nada;


la expectativa a puerta cerrada


y el miedo como una piedra torcida en la mano


se abalanza sobre el crepitar de los pasos.



Rifles despuntando esperanzas,


palabras cuánticas midiendo injusticias.


Se ha levantado un triangulo de humo


sobre la plaza y perfora a cuadros


el grito glacial de la multitud.


Una sustancia violenta ronda las esquinas,


hombres verduzcos con bombas tragapalabras


llenan alforjas de desesperación,


cuento común para empezar el día.






Sólo seis heridos pronosticó el diario.






Nadie vio nada, nadie sabe nada,


y la ballena de sal vuelta piedra,


por la impotencia de rostros


que siempre serán ajenos.




ESCRIBIÉNDOLE UNA CASA AL BARCO


Esta casa vuela,
su altura conjura un papalote
que se distorsiona a la distancia.
Esta casa es un mar
y un barco también,
donde crispados, salimos
a contemplar
los delfines más blancos de la locura.
Esta casa tiene un color, un nombre,
su capitán Morgan lanza de sus anzuelos
aurelianos peces,
espectros que devoramos
en lo profundo de los desvelos.
Esta casa barco se desliza
por las olas de una Tegucigalpa oscura
mientras humanos veleros,
navegan lento
dentro de botellas.

jueves, 9 de abril de 2015

Virginia Woolf

El cuarto propio no ofrece respuestas,
más bien, plantea interrogantes,
es una posibilidad de cuestionarse la realidad
(Guisela López)
En el cuarto propio Virginia Woolf nos comparte su ir y venir por espacios cotidianos y vericuetos de la conciencia, por senderos del pasado y alamedas del futuro. No trata de facilitarnos el camino, o maquillar los escenarios, nos guía por un mundo de vicisitudes que debía enfrentar como mujer – con sueños y propuestas – en la Inglaterra de principios del siglo XX.
Nos inicia en los recorridos que ha tenido la escritura de las mujeres desde 1927, cuando terminará de escribir “El cuarto Propio”. Si bien ahora las mujeres recorremos los campus universitarios en todas direcciones, como estudiantes, como profesoras – en algunos países incluso como decanas o rectoras –. Aportando desde la medicina, la filosofía, las humanidades, la literatura, hasta la física quántica. El camino no ha fácil, ha sido una ruta de relevos las que nos ha traído hasta aquí. Hemos trabajado duro para poder ganar el derecho a escribir lo que queramos, pero pese a nuestros avances, no hemos logrado derribar el techo de cristal, y la diferencia sexual sigue marcando nuestra vida social con el sello de la exclusión de género.
Continúan existiendo normas, con el único fin de asegurar la supremacía masculina. Pese a los avances siguen siendo profundos los sesgos que separan la vida de mujeres y hombres en todas las esferas: y ni la producción artística ni la economía son la excepción.

La escritura continúa siendo un territorio generizado en el que – a pesar de la incursión de cada vez más mujeres en el ejercicio de las letras – la supremacía androcentrica se impone echando mano de toda suerte de privilegios de género: concentración de recursos económicos, autonomía en uso del tiempo, legitimación social e imposición de cánones de valoración y reconocimiento.

miércoles, 8 de abril de 2015

La casa tiene una herida



Y si no apareces, no importa yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando...
De una canciòn de Silvio Rodriguez




La casa tiene una herida, tiene lluvia en el techo, sombras acumuladas en todas las paredes, tiene voces rondando en los pasillos que no existen.
Tiene luces que se encienden y se apagan de madrugada o cuando todos duermen.
La casa tiene una herida marchitándose.
Tiene un montòn de canciones viejas sonando sin parar.
Yo no vivo en esta casa, mi hijo no vive en esta casa, mi abuela, mi abuela vive en todas las casas.
Mi madre vive en esta  casa, mi padre vive en esta casa, mi hermano vive, a veces en esta casa.

Hay vocecillas pequeñas que giran en toda la casa.
La casa no es ningún barco y no navega.

La casa tiene una herida, y esa herida tiene una casa y un nombre que sabe completamente amargo.



@Karen Valladares, tomado del poemario NINGUNA TARDE AZUL.

lunes, 6 de abril de 2015

Un hombre solo en una casa sola


Un hombre solo en una casa sola
no tiene deseos de encender el fuego
no tiene deseos de dormir o estar despierto
un hombre solo en un casa enferma.
No tiene deseos de encender el fuego
y no quiere oír más la palabra Futuro
el vaso de vino se ha marchitado como un magnolio
y a él no le importa estar dormido o despierto.
La escarcha ha empañado las ventanas
pero a él sólo le importa mirar la apagada chimenea
sólo le gustaría tener una copa que le contara a una vieja historia
a ese hombre solo en una casa sola.
Una historia como las que oía en su casa natal
historias que no recuerda como no recuerda que aún está vivo
ve sólo una copa vacía y una magnolia marchita
un hombre solo en una casa enferma.
© Herederos de Jorge Teillier

viernes, 27 de marzo de 2015

Una reseña más de mi poemario Ciudad inversa

Comentario al libro CIUDAD INVERSA de Karen Valladares

Por Jorge Cocio
Chile.

“Ha muerto la poesía” - Anne Sexton

Dicen algunas leyendas que cuando morimos una parte de nosotros se queda en la tierra y la otra se acuesta en el limbo. Pero nunca nos dicen cuál es la importante. Quizás buscar respuesta a ese detalle sea tan irrelevante como el preguntarse si hay algo después de la poesía. De ahí la necesidad de comentar el siguiente texto en esta estación de buses en el fin del mundo.

Esta ciudad / esta precisa ciudad / es el mundo / que nadie sueña.

Pareciera que para Karen Valladares la ciudad es un cuerpo tan íntimo como extraño, y que constantemente le remite a ella; por ende, necesita descifrarla en cada esquina. He ahí la conexión visceral que se produce cuando la palabra no tiene límites y se infiltra por la carne. En Ciudad Inversa la palabra atraviesa todo lo imaginable, pero al mismo tiempo es incapaz de romper el silencio, cruzar la soledad o la nave de la muerte.

La muerte lanzó los dados y no tuve suerte.

Desde la lluvia a los hospitales, los amantes y hasta lo más remoto de su nombre, lo que me lleva a creer en un sinnúmero de teorías alternativas sobre la disposición de las imágenes, el orden de los poemas, la sintaxis o las constantes referencias directas en las citas que hace y que no hace. Donde Borges, Girondo, Jaguares, Plath, Sexton y Bukowski comparten la misma mesa de póker de palabras vitales.

Hay temporadas en las que me hartan todas las cosas, el amor, los vestidos y los accesorios; las voces y los amigos de mierda. Por estos versos y otros que se presentan en los cuatro compases que componen este libro, Karen Valladares toma la rutina como parte fundamental de su poética. Asimismo, la intimidad del escribir se hace parte de la mirada tanto como autorreferencia, como efecto colateral del valor del acto… ¿útil o inútil?

A mí no me interesa la metáfora, o el verso, yo vivo sin parar y escribo.

Pero también podría romper todo lo dicho y plantearles otra cosa. ¿Qué pasaría si les dijere que Ciudad Inversa no es más que un conjunto de notas a pié de página de todo lo que ella quería decir? ¿Si la rabia contenida y el deseo de morir fuesen artefactos que pretenden decir otra cosa? ¿No será que esta obra plantea la muerte de la palabra y no de la poesía? Porque es fácil matar lo que a nadie le importa.

Título: Ciudad Inversa
Autora: Karen Valladares

Editorial: La Liga de la Justicia Ediciones

Algunos poemas



La abuela 


A: Lupe, a Mamachón, y Eva.


La abuela sueña con vivir siempre.
Todavía atrapa anocheceres infinitos
En la profundidad de sus manos.

Ignora al tiempo tostándose en sus mejillas.

La abuela aún recuerda
aquella guitarra marchitándose en sus dedos.
Su infancia imposible sin muñecas,
mezclada de cal, y de ríos crecidos hasta la rodillas.

Aún recuerda el nombre de sus enamorados,
y por siempre recuerda
el parto doloroso de sus hijos.

La abuela aún cree que cuando despertamos
es para nacer de nuevo.

Ella aún descubre palabras
vestidas de colores
formas y cosas.

Ella ha venido a bordar junto a mí
la transformación de sus antepasados.


Caballo blanco en el sepelio


En la ciénaga, mi caballo vigila la canción del agua
Jorge Martínez Mejía


El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio.
Nadie lo ve más que mi espíritu angustiado.
Nadie siente el frío rozar de su caminata y el meneo tembloroso de su cola.

Sufre el caballo la pérdida del que lo vio nacer,
y observa como se hunde el cuerpo en la tierra,
y como es sepultado y olvidado.

El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio,
se aleja, con los ojos vidriosos por el llanto
Desaparece corriendo y relinchando, entonando alto el canto de su despedida.


Me es indiferente ver venir la muerte

Me es indiferente ver venir la muerte
asomarse como un pájaro 
yéndose como un fantasma que lleva mi nombre en sus costados;

Me es indiferente ver llegar la muerte,
la sombría muerte,
la tardía muerte
la temprana muerte
la dolorosa muerte
la misteriosa muerte
que me vean colgada del techo,
sangrando hasta los pies,
hasta las uñas
hasta el suelo
postrada como árbol herido.

Me es indiferente 
cualquier tipo de dolor,
de angustia
de desconsuelo y desesperación,
volverme loca y andar por las calles
desconocida.
Verme elevada
como hoja seca 
caída desde hace tiempo.

Me es indiferente ver la muerte,
verla venir
verla irse y carcajearse sin piedad
arrastrando su bufanda de poemas
suicidas.


Intenté suicidarme

Intente suicidarme. 
Sigo viva por todas mis desgracias,
anotando los restos de mis días en una libreta polvosa.
La vida para mí solo era un juego de niños, un ir y venir sin propósito.

He saboreado la nada, aprendí a contemplarme, 
a desvanecerme, a sentir pudrirse la soledad.
A verme inútil todas las veces que quise,
a no tenerle fe a nada, a odiar los aguaceros y el bullicio del sol.
Odié por completo el griterío de los niños en los recreos, 
la pulcritud de los hospitales, los parques y las calles completamente habitadas.

Consumí la locura en todos mis tiempos,
absorbí todo lo que no le quedaba.
Mi nombre ahora quizá sea locura. 

Intenté suicidarme. 
La muerte lanzó los dados y no tuve suerte. 
Sigo viva,

Mientras escribo

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