jueves, 14 de enero de 2010

Igor Marojevic

SALIR DE CASA

Salir de la ciudad está bien, pero antes hay que salir de casa. Primero, ventilar: ya se empieza a notar un olor masculino que lo domina todo. Apretujar dentro del armario papeles, celofán y el resto de basura seca. Cerrar los cajones, ordenar los periódicos en pequeñas pilas y distribuirlos por los rincones para que un observador casual pueda soportar el desorden. Luego, ir a la cocina y poner boca abajo todos los platos azulados por el moho. Pero los platos no se someten sin resistencia a mi pretensión de ocultar el fregadero sucio: se resbalan como peces. De momento, el armario se niega a cerrarse. Empujo la portezuela, pero topa contra un catálogo superfluo que cae sobre el parquet. Ni siquiera el cigarrillo se somete fácilmente a la mera voluntad de mis dedos índice y pulgar; prefiere seguir encendido mientras exhala un humo bifurcado. Es como si los objetos adoptaran una actitud egocéntrica. Como tanta gente hoy día, ellos también reclaman atención: tal vez, en realidad, el mundo se haya echado a perder por sus caprichos.
El próximo autobús emprenderá el viaje dentro de una hora. Todavía hay tiempo suficiente para confirmarle mi llegada a la persona que me espera. De paso, puede explicarme una vez más cómo llegar a su casa. Es mejor evitar ahora los posibles malentendidos que acabar perdiéndome y entrando en un sinfín de edificios sólo para estudiar las listas de inquilinos y empresas. Deambulando por los vestíbulos de una ciudad ajena. Toda ciudad es ajena, me digo, mientras aprieto con el índice los botones cuadrados del teléfono. Llame dentro de media hora, por favor , me sugiere una voz femenina. Fácil decirlo, pero, ¿cómo matar tanto tiempo? Para empezar, quizás podría informarme de lo que ocurre fuera. Enciendo la radio. Tardo menos de un minuto en estudiar el pronóstico meteorológico. Me asomo a la ventana. Enseguida me doy cuenta de que los rodillos que utilizan los trabajadores municipales para desinsectar los troncos se despellejan tras el primer uso. Aún tengo que acabar de ordenar las pequeñas pilas de periódicos, colocadas hace un rato en los rincones de la habitación. O mejor podría empezar por las revistas. Ésta pertenece a la estantería de semanarios y diarios valiosos, si es que los hay. Según el orden alfabético, aquí debería estar la revista Atlantis . Por primera vez en los últimos meses siento el impulso de comprobar que todavía esté ahí. De pronto, eso me parece muy importante. No me queda más remedio que volver a llamar por teléfono. Por el auricular, me llega un murmullo de fondo de voces femeninas, al otro lado de la línea. Mi ex esposa no puede ayudarme, absorta en su trabajo administrativo. Le parece muy extraño que me preocupe tanto por una revista. Es tedioso esperar a que hierva el agua. ¿Por qué no hojeo mientras tanto mi agenda telefónica, ese resumen de mi biografía , para pescar algún nombre ya olvidado? Digamos, bajo la V . Llamo a Valentín y me identifico tras el primer sorbo de café, como siempre, inesperadamente delicioso. Parece que él no recuerda quién soy, aunque fuimos juntos a la escuela primaria. Una semana antes del baile de fin de curso, salimos de la ciudad en bicicletas robadas y recorrimos los pueblos de la llanura. Ahora él dirige una distribuidora de tabaco. Según parece, le va bastante bien. Hoy no trabaja: hace unos días murió su madre. Mis condolencias , le digo, y en el mismo momento me arrepiento de haberlo llamado. Decido no ampliar el tema más allá de nuestro posible horizonte común. Recuerdo que una vez conseguí animar a la madre deprimida de un amigo, confesándole que cultivaba un cactus. De este modo, introduje un tema en el que nadie de la sala podía competir con ella. Parpadeando y dirigiéndome una mirada entre cariñosa y conspirativa, ella pronunció un discurso sobre el cultivo de flores y plantas. Era una mujer de condición humilde. Valentín parece una persona respetable; de las que no se tragan cualquier cosa. Se me ocurre que nos iría igual de bien con un tema menos apasionante: Esta tarde habrá chubascos, lo han dicho en las noticias. Y luego: Pronto estarás bien... Un día podríamos... Me avergüenzo y cuelgo el teléfono. Apago la radio y me bebo el penúltimo sorbo. Y eso no es todo: me estremezco. Si fingiera no sentir los cólicos agridulces en el vientre, igual podrían despertarse de pronto en el autobús, como ya ocurrió una vez hace diez años. Ahora estamos en primavera, entonces era otoño y yo iba a un concierto: tuve que bajar del autobús y recurrir al primer vestíbulo oscuro que encontré. Incluso calculé cómo explicar mi desnudez bajo los vaqueros a alguna chica, si hubiera surgido esa ocasión, pero aquella noche, entre miles de personas, no conocí a nadie. Puedo eliminar toda huella del váter con el chorro de la ducha: es la única ventaja de mi reducido cuarto de baño. Parece que anoche me acordé de encender el calentador del agua, así que podré ducharme. Me desnudo, abro los grifos, cambio la posición de la palanca y entonces la ducha y la manguera pegan un brinco. Agachado, dejo que el agua corra sobre mi cuerpo hasta que, poco a poco, se va enfriando. Otra vez abro la ducha para empujar los pelos hacia el desagüe. Seco la bañera con una toalla, que podría llegar a pudrirse si no se tiende enseguida. Me gustaría lavarla con el resto de la ropa sucia, pero ahora no tengo tiempo. Además, al centrifugar, la lavadora suele dar un salto de gatopardo enfurecido. Con el lado seco de la toalla, limpio de nuevo la bañera. Y el vapor del espejo. Y las baldosas manchadas por las huellas húmedas de los pies. Entre tanto, la toalla blanca se ha ensuciado visiblemente. Hay que frotarla con jabón: lavar la toalla. Limpiar el jabón. Lavarme las manos. Recoger la ropa. Dejar la bañera en paz. Salir del baño. Según el reloj, ya no me queda tiempo para llamar a mi posible anfitrión: el autobús sale en veinte minutos. Si estuviera vestido, a lo mejor llegaría a tiempo a la estación. Con una rápida ojeada hago un inventario mental y compruebo que todo está en su lugar. Todavía no he vaciado la taza de café. Después de lavar la cafetera y la taza, si no me estiro bien y luego me acurruco, me privaré del único ritual que nunca falla en tranquilizarme. ¿Sería impensable que me enterase por mi cuenta de cuándo sale el siguiente autobús? O tal vez tendría que describir cómo yo, un acurrucado ladrón de sueño, llama otra vez a la empleada de la estación, intentando averiguar cuál podría ser el momento oportuno para salir.
© De la traducción: Jelena Petrovic 2006.

Amor perfecto

A continuación un cuento corto del brasileño Daniel Galera contenido en su libro Dentes
Guardados.Amor Perfecto



Me desvirgó. Cogimos en mi cuarto en una noche calurosa que mis padres estaban en la finca. Una penetración indolora, lenta y placentera. El resto de la madrugada él acarició incansablemente mi cuerpo, adorando todo, mis pechos que yo temía por demás que fuesen pequeños, mi culo que yo encontraba fofo, mis pies con dedos torcidos. Yo tenía miedo de cómo los hombres juzgarían mi cuerpo, era mi única ansiedad y él la disipó rápidamente en nuestra primera noche en la cama. La primera vez que lo hicimos sin capote, extrañé el sentir aquella verga dentro de mí. Me senté sobre los talones para que todo se escurriese de una vez para fuera. Me sentí ridícula cuando él colocó un pedazo de papel en su mano y luego la puso en medio de mis piernas diciendo, Ey así vas a manchar tu edredón. Sus gestos me sorprendían, trayendo calma y comodidad, siempre yendo a favor de mis expectativas. Días después en un bar una chica llegó vendiendo rosas y por un instante temí que él fuese a darme una rosa, actitud que yo habría considerado estúpida, odio las flores y odio las pendejadas románticas. Él rechazó la rosa e inclusive dijo, espero que nunca quieras que te de rosas. No coincidíamos en todo, la verdad teníamos gustos bastante antagónicos para muchas cosas, películas y marcas de cerveza por ejemplo, mas él nunca se mostró preocupado por cambiar mis opiniones, aceptaba mi personalidad, mis errores y mis estados de ánimo con absoluta tolerancia. Cierta vez disipó la vergüenza que tuve por haber llorado frente a él con el acto de lamer mi rostro y tragarse mis lágrimas, mitigando mis momentos de angustia con largos abrazos silenciosos. Una noche que salí sola y lo traicioné por primera vez, me di cuenta que tenía una oportunidad para probar su tolerancia. Le conté todo y, para mi espanto, él apenas movió sus párpados lisos y me dijo que encontraba natural el deseo fuera de la relación, que estaba bajado pero que mi traición no disminuía su amor por mí. Insistí, describí en detalle al chico, los besos y caricias que nos dimos en la pista y esto, en lugar de alterarlo, lo excitó. Acabamos cogiendo y la verdad me gustó. Fue a partir de aquel día que su tolerancia se tornó irritante. Me convencí que debía provocarlo, necesitaba de un poco de odio, tumulto, nuestro amor era demasiado recto. Sólo que no funcionó: soportó mis encabronamientos escandalosos, mis eructos en público, respondió mis agresiones verbales con altura, accedió a todos mis comportamientos. Porque me amaba. Me trataba tan bien. Reaccionaba tan bien a mis expectativas, que su amor comenzó a darme tedio. Se tornó irritante de tan pleno, de tan incorregible. Ahí mismo decidí terminar, mandarlo a la mierda. Y claro, ¡hasta en eso él fue comprensivo! Yo estaba presta a encender el tercer cigarro cuando él reaccionó y fue a darme un abrazo. Respetó mis sentimientos, dijo entender que su amor incondicional me ofendiese. ¡Pero si no era para que lo entendiera! ¡No era para que lo aceptara, coño! , era para sentir odio, para que me odiase, ¡me le fui encima a aquel hijo de puta! Le lancé el teléfono, vasos, libros, sillas, todo sobre él y él los devolvió, me pegó con fuerza, me mandó a la mierda y a cada tentativa mía de aplastarlo él respondió. Lo escupí y él me escupió, le arañé la cara y él me pateó por todo el suelo de la sala, sentí dolor, berreé como una cerda y percibí horrorizada que hasta en aquel mismo momento, ¡por Dios!, estaba haciendo lo que yo esperaba de él; él me estaba dando lo que yo quería…


Traducido por Nelson Ordóñez

Un poema de Pere Gimferrer

Agosto



No culpéis a nadie del derrumbamiento del hombre.
La entrega estéril de la palabra, donde los antros,
cuando la noche, la helada, labra un fuego venusiano,
y el sol, un ser de nieblas,desfallece.
Este sorbo, sorbo de nada, encendidoslabios,
piedra de púrpura, la semillamás secreta del hombre,
porque no se precisan armaspara vencer al hombre:
ya los relámpagos son un signo de ello.
Escuetos, afiladosdicen el vil secreto,
la cobardía, el deseo bastardo, emblemas,
yugos inmemorialesde abyección.
Cabelleras, vanas al viento, arrebatadas
por la corriente de la nieve núbil de un cuerpo,
fuego de hoguerasque adorna la claridad.
¿Eres inmortal tú, ahora,irrisión de la carne,
tú, que tal vez has satisfechoa la servil pasión?
Sí, mucho necesita el hombrepara abarcar la extensión de su deseo,
y sudeseo es la nada.
El escudo oscuro de la luna,
el escudo lívido del sol
¿qué astro oscultan?
¿Qué olas, qué igniciónde espacios lejanos?
Por los roquedalesse tambalea esta claridad lúgubre,
rescate hostil de la carne escarnecida,picos, remos de oro sometido,
ç despojosde un jirón.
Si el gozo, funesto,de una más lóbrega sima extrajera la luz y,
con los ojos cerrados,la nostalgia, la carcelera ciega del sentido,
hiciese del pecho la saeta, el aciago solar!
Porque el vientono necesita sentir el peso del viento cuando, vivo,
tiemblaen los gallardetes, los pasos del viento de primavera.
Así el hombre.
No se dice su nombre: primavera.
Y lo es.
¿Quién dice el nombre?
¿Qué labios -¿son mortales?

dicen la noche?
¿Qué ojos ven la noche?
¿Qué ojos son la noche?

martes, 12 de enero de 2010

Poesía rebelde

A continuación una breve selección de poesía rebelde realizada por el escritor hondureño Armando García, con la acotación de que sea distribuida a nuestros amigos, especialmente a los que seguimos insistiendo en resistir al lado de nuestro digno pueblo hondureño.




AÚN QUEDA

Samih Al Qassim
(poeta palestino)


La sangre de mis más altos ancestros
corre en mí todavía
y siempre escucho
el relinchar de los corceles y el chocar de las espadas
llevo un sol en mi mano derecha
y repito
en las encrucijadas de la noche
el canto del dolor



DE LOS DE SIEMPRE

Otto René Castillo
(Guatemala, 1936-1967)

Usted,
compañero,
es de los de siempre.
De los que nunca
se rajaron,
carajo!
De los que nunca
incrustaron su cobardía
en la carne del pueblo.
De los que se aguantaron
contra palo y cárcel,
exilio y sombra.

Usted,
compañero,
es de los de siempre.

Y yo lo quiero mucho,
por su actitud honrada,
milenaria,
por su resistencia
de mole sensitiva,
por su fe,
más grande
y más heroica
que los gólgotas
juntos
de todas las religiones.

Pero, sabe?
Los siglos
venideros
se pararán de puntillas
sobre los hombros
del planeta,
para intentar
tocar
su dignidad
que arderá
de coraje,
todavía.

Usted,
compañero,
que no traicionó
a su clase,
ni con torturas,
ni con cárceles,
ni con puercos billetes,
usted,
astro de ternura,
tendrá edad de orgullo,
para las multitudes
delirantes
que saldrán
del fondo de la historia
a glorificarlo,
a usted,
al humano y modesto,
al sencillo proletario,
al de los de siempre,
al inquebrantable
acero del pueblo.


DOS MELODÍAS

Arvo Turtiainen
(Finlandia)


Cantad vuestras marchas militares,
dejad que suenen vuestros himnos patrióticos,
será fácil mecerse a su son, soñando con las espadas
con las grandes hazañas.
La melodía de nuestra canción será otra
en ella suena el duro murmullo de las fábricas,
el ruido de los árboles que caen en la niebla fría del Norte,
el gruñido bajo, terrestre, de los días de pago.
La vida nos ha dado las palabras,
ahí van:
Grande será tu levantamiento, pueblo engañado,
pisoteado, robado
.


“UN PEQUEÑO NÚMERO
DE INTELECTUALES FRANCESES
SE HA PUESTO AL SERVICIO
DEL ENEMIGO”





Paul Eluard
(Francia, 1895-1952)

Espantados espantosos
Llegó la hora de contarlos
Porque su reino ya se acaba

Nos elogiaron los verdugos
Nos detallaron todo el mal
Nos hablaron inocentemente

Hermosas palabras de alianza
Os han manchado de basura
Sus bocas dan sobre la muerte

Pero ha llegado la hora
De amarse de estar unidos
Para vencerlos y castigarlos


REVOLUCIÓN

Langston Hughes
(Estados Unidos, 1902-1967)

Gran Chusma que no conoce el miedo–
¡Salta al ruedo!
Y alza la mano
Contra el tirano
De acero y oro y hierro,
El rico,
Que vendió y compró como un perro
A ti–
A cada uno–
Durante mil años y pico.
Salta al ruedo,
Gran chusma que no conoce el miedo,
Y átalo y déjalo sin resuello,
Escupe en su dorado cuello
De oreja a oreja,
Y acábalo por siempre sin una queja,
Ahora–
Este año–
Salta al ruedo,
Gran chusma que no conoce el miedo.


REVOLUCIÓN

León Felipe
(España, 1884-1968)


Siempre habrá nieve altanera
que vista al monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
–un sol verdugo y amigo–
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.


MORAZÁN
(1842)

Pablo Neruda
(Chile, 1904-1973)

Alta es la noche y Morazán vigila.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes-

Cinta central, américa angostura
que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo
cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa
nacida en el combate de la espuma.

Te desmoronan hijos y gusanos
se extienden sobre ti las alimañas
y una tenaza te arrebata el sueño
y un puñal con tu sangre te salpica
mientras se despedaza tu estandarte.

Alta es la noche y Morazán vigila.

Ya viene el tigre enarbolando un hacha.
Vienen a devorarte las entrañas.
Vienen a dividir la estrella.
Vienen,

pequeña América olorosa,
a clavarte en la cruz, a desollarte,
a tumbar el metal de tu bandera.

Alta es la noche y Morazán vigila.

Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.

Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.

Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila.)


HONDURAS

Pompeyo del Valle
(Honduras 1929)


Sobre esta Honduras de fusil y caza,
de asfixiado color y amarga vena,
se oye gemir el mapa de la pena
que en murallas de sal se despedaza.

Bajo esta Hondura de metal y maza,
de enterrado perfil –laurel y arena–
como un tumulto de cuchillos suena
la atormentada sangre de la raza.

Pero otra Honduras de potente aurora,
decidida y total y vengadora
alza la frente perseguida y bella.

Porque una tropa juvenil se agita
bajo su cielo y en su voz gravita
el porvenir, fundado en una estrella.

viernes, 8 de enero de 2010

Pequeña colección de poemas de Stéphan Mallarmé

STÉPHAN MALLARMÉ
FRANCIA 1842-1898
Angustia (Otra versión)

Yo no vengo esta noche para vencer tu cuerpo,
en el que están los pecados de un pueblo ni para,
en tu impuro cabello, alzar tormenta bajo el fastidio incurable .
que destilan mis besos.Pido a tu lecho el pesado sueño sin fantasmasdeslizándose a través de las cortinas ignoradas del remordimiento,que tú puedes saborear después de tus negras mentiras.Tú que sobre la nada sabes más que los muertos.
Pues el vicio, royendo mi nativa nobleza,
me ha marcado, como a ti,
con el sello de la esterilidad;
mas en tanto que tu seno de piedra lo habita un corazón
que la garra de ningún crimen hiere,yo huyo, pálido, deshecho, obsesionado por mi sudario,temiendo morir cuando duermo solo.
Versión de L. S.
Aparición
La luna se entristecía.
Serafines llorandosueñan,
el arquillo en los dedos,
en la calma de las floresvaporosas,
sacaban de las lánguidas violasblancos sollozos resbalando por el azul de las corolas,
Era el día bendito de tu primer beso.
Mi ensueño
que se complace en martirizarmese
embriagaba sabiamente con el perfume de tristeza.
Que incluso sin pena y sin disgusto deja
el recoger de su sueño al corazón que lo ha acogido.
Vagaba, pues, con la mirada fija en el viejo enlosado,
cuando con el sol en los cabellos, en la calley en la tarde,
tú te me apareciste sonriente,
y yo creí ver el hada del brillante sombrero,
que otrora aparecía en mis sueños de niñomimado,
dejando siempre, de sus manos mal cerradas,
cien blancos ramilletes de estrellas perfumadas.
Versión de L. S.
Brisa marina
Leí todos los libros y es, ¡ay! ,
la carne triste.¡huir, huir muy lejos!
Ebrias aves se alejanentre el cielo y la espuma.
Nada de lo que existe,ni los viejos jardines
que los ojos reflejan,ni la madre que, amante,
da leche a su criatura,ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su alburaretendrá al corazón que ya en el mar se hunde.¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega y leva al fin las anclas
hacia incógnitos cielos!Un tedio, desolado por la esperanza ciega,confía en el supremo adiós de los pañuelos.Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanzasobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza...Corazón, oye cómo cantan los marineros!
Versión de Andrés Holguín

viernes, 1 de enero de 2010

Deseos Irreverentes....un poema de JuanaPavón,

Deseos Irreverentes



Cómo me hubiera gustado

estar en la coma con Walt Whitman,

beber en las cantinas de Malcom Lowry

o “Bajo el Volcán”.

Procesar a mi manera a Franz Kafka.

observar sigilosamente y detenidamente

a Francis Bacon

Estar con Salvador Dalí

en una tarde de toros

y tocarle el trasero

mientras pensara en Gala

o en Federico García Lorca.

Cantarle a Pablo Neruda

mis poemas de amor

y otras canciones desesperadas,

repetirle “De Profundis”

con todos mis secretos sexuales

a Oscar Wilde y a su amante maldito.

Cómo quisiera estarme riendo

junto a Baudelaire

con mis quince años en su cama.

Tal vez me hubiera gustado

cogerme a Hitler, a Calígula

a Napoleón, a vos

y a otros hijos de la gran puta.

Filmar con Pier Paolo Passolini

Un Decamerón diferente.

Estar acariciando y besando

A Rabindranah Tagore.

Hablar de amor con Juan Ramón Molina.

Condenar sin clemencia

a los Jesuitas Pederastas.

Echarle en cara a Marlon Brando,

El no haberme conocido.

Perseguir a Felipe Buchard,

a Ezequiel Padilla y a Simón,

de cantina en cantina

de barrio en barrio

de santuario en santuario.

Conspirar con la sangre latina

de Gabriel García Márquez.

Desarmar a un milite como Fernando.

Respetar a las mujeres de 1+1

mas no a todas

como dice María Ester

con la venia de Leslie.

Enojarme con Ramón Matta

por no haberme invitado nunca a un pase.

Quisiera mentarle la madre a tu padre,

a Nietzsche, a Gorky,

y a Simone de Beauvoir.

Respetar aún a Marx, a Lenin,

a la lucha de clases.

Y reírme de los comunistas criollos

pese a la Perestroika.

No comprender nunca las debilidades de Woody Allen

Cortarle un huevo a Van Gogh

y no la otra oreja.

Romper a llorar, escribir mierdas

bailar mambo, salsa y más salsa

y jugar con muñecas aun siendo abuela.

Pedirle perdón a mi mejor amiga,

a Monseñor Santos y a otros Rodríguez,

volver a ser buena, cursi y pendeja.

Seguir soñando, amando y fornicando

y a contar chistes hasta llegar

a la hilaridad.

Volar y volar muy lejos

Hasta encontrar a ese todopoderoso

Que me hizo a su imagen y a su todo.

Amén.

(Abril, en el día del idioma, 1983)

Mientras escribo

  Mientras escucho este playlist (194) Relaxing Soul Music ~ lets share music ~ Chill Soul Songs Playlist - YouTube Escribo sumergida en el ...