viernes, 12 de septiembre de 2014

Muestra poètica de Noè Lima

 

(Ahuachapán, EL Salvador; 1971). Escritor, poeta y pintor. Fue miembro fundador del grupo literario Tecpan  y desde 1994 participa en diversos recitales, dentro y fuera de su país como: Manisfestarte, Barrilete, Industrial, VIII Encuentro Internacional de Escritores Eunice Odio (San José, Costa Rica) , II Festival Internacional de Poesía El Turno del Disidente (Tegucigalpa, 2012) y al VIII Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (Guatemala, 2012).
Fue miembro del equipo coordinador del suplemento cultural Altazor del diario El Mundo de El Salvador. En su haber tiene los libros Efecto Residual (Ediciones Mundo Bizarro, Guatemala; 2004)  y próximos a publicarse: Poemas en voz alta, Alta Frecuencia y El niño lanza llamas.

 

ANIMAL URBANO  

 
El asfalto es una flor marchita
sus pétalos se van torneando con cada pisada
tienen el peso del aliento
de las monedas en la bolsa ronca
que grita en cada centro comercial
en el mercado
en el bus
en la avenida endurecida por los gritos
1
el animal se levanta
cepilla sus dientes grises para hacer liviano el aguacero
incinera con el café las líneas del espejo
limpia su traje de pasto roto
sus zapatos desesperados brillan con el empedrado domingo
de alabanza tartamuda
de campana hiriente en cada ojo
se levanta
hace cruces en el cielo
repicando con sus dientes limpios
que el pecado es solo un pez afónico en medio de una biblia.
2
Al medio día el animal revisa la bitácora tuerta de las horas
la oficina
el calor en el lienzo tieso de la tarde
la conversación de cobre entre las sábanas infieles
el tamaño de la sombra de la vecina
la cabellera muda del sol abrazando las paredes
al medio día se abre la cremallera para soltar a la luna
la mordida furia de la noche
la vespertina gaviota en ese horizonte de piedra
3
La tarde es una persiana lenta
un diapasón
batiéndole alas al oxidado bostezo del sol
en la ventana
afuera el mundo gira
es una ola blanca
un blanqueado islote
donde se bebe la vida en alguna cantina
se asustan los tibios senos de alguna cigarra húmeda
la esquinera esperando la noche
afuera el miedo tiembla
es el paraíso sanguíneo de la bala
del llanto de los coches por llegar a casa
la cicatriz en los rostros horneados en el cheque a cobrar
afuera sólo el animal pregunta
dónde están las diosas de mascarillas horizontales
para evitar la vejez
la pedófila vulva en forma de almendra
para el perdón de los pecados
4
El supermercado
la fila relampaguea como una bisagra
en la caja registradora
la fila huele a yegua
a caviar disuelto en las mejillas
de los que compran un paquete de cigarrillos
huele a temporal desplomándose gradualmente
por la cintura de las mujeres
de las adolescentes
con las manos de papel
las jardineras del aire
las caracolas menudas en el obligo del tiempo
5
La casa es el reducto de los olores
del jardín esperando como una balsa ardiendo
el patio sordo
la mueca celeste de este cielo
amenazando al olvido
la casa nuevamente es el refugio herido del viento
la precoz silueta del orgasmo venidero
la amaestrada ventana fingiendo hablarnos
el vidrio del fondo tatuándose del calor de una mano
la casa del animal urbano
desconoce las alas del sueño
la opaca caricia de la sombra
de la soledad cuando el claxon solo finge llamarnos
en la calle
en la remota esquina mojada como un señuelo
la casa conoce las huellas de los amantes
huele la desatada gacela del sexo
la manía del sexo oral en la gruta recién nacida en la cama
en la supuración del relámpago a la hora del coito
la casa conoce la sangre
el disparo
las canas
la vejez
de quienes aullamos en la amplia lámpara de la noche.

LEOPOLDO.


Te marchaste a naufragar con las moscas
Sobre los puntos cardinales de tu cama
Sobre esa gramática tiesa de la noche
Al final envejeciste con ellas
Con el zumbido de sus alas fotosintéticas
Bostezo de larvas
En el humo de tus cigarrillos
Te fuiste
A prenderle fuego a las rosas con tus retinas
Al cabello de la rubia
La enfermera con cara de angustia sexual entre las piernas
Te fuiste
A hacerle compañía al fémur inoxidable de tu padre
A las gafas tendidas sobre el vientre líquido de los libros
Los malditos
Los oportunos
dependiendo del temblor de tus arrugas
o del recuerdo de Michi
el cojo de cejas a la orilla de todos los mares
ahogados en ginebra
Tus manos idas ya al eco de mi sordera
Apenas dejan entrar al cerrojo tibio de la noche
Tus vicios
El golpe de bisagra en las caricias de tu madre
Te marchaste
Y aun no sales muerto
En ninguno de tus libros.

SEMANA SANTA.


El olor del aserrín se puede parecer al de tu cintura
A la ingravidez de tu sexo muriendo con los vapores
De los termómetros
A la respiración agitada
Después de pasar el invierno por mis manos
De borracho
Deslumbrado por las grises nubes
De esta ciudad abrazada al ombligo de las penas
Cada semana santa es lo mismo
Las calles húmedas besadas por la furia de la temperatura
Por los desvelados nervios de los amantes
El profesor pedófilo de la escuela donde estudiabas
Dándose golpes de pecho
Larvas
En procesión
Mutando sus lenguas por el perdón eterno
Pienso en el movimiento ondulante de tu cadera
Ese esqueleto naranja de las tardes
En el horizonte
Vianda de mi carne a la hora de tomarte
Es lo mismo con el paisaje ebrio de las playas
Y pienso en tu cintura
Aunque el sol arda como herida crucificada
Al marcar las doce en los relojes de los fieles.
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LA MUJER DE LOS ESPEJOS.


El espejo es mineral
es la ánfora
de donde sacas la imagen de mi vieja fotografía
como escama de ceniza
es redondo
lo imagino así para abrazarte
para que ardan tus puntos cardinales
tu ropa negándose a residir más allá de mi tacto
que se traga tus delirios
quiero torcer la circunferencia de esos gemidos
hacerle un nudo a tu garganta
al pequeño infierno de tus pezones de harina muda
a la hora de exigirle a mi sordera que deje de tocarte
o de extrañar la manera en que el lóbulo izquierdo
descifra la manera en que reflejas mis palabras
la mujer de los espejos
apenas siente mis ronquidos sobre su espalda
de escalera sorda
apenas y sabe
cómo cortarle a mis versos sus retinas deshiladas
deshojar las estaciones de mis libros
ella se levanta
y tiene gemidos inalámbricos
se hace fotografías con el silencio
cuando me busca de reojo en la página en blanco
en el periódico
en la taza de café que castra sus manías
ella se levanta y ve mi pene holgazaneando
en la ventana cariando las mañanas
escribe sobre él sobre sus tetas
en las esquinas de las paredes
hasta cuando viaja lo va tejiendo sobre los árboles
el espejo es mineral
nunca lo olvides
cada vez que reflejes en mi piel
el tamaño de tu insomnio
que cabe en tu boca
donde yo reflejo mis poemas.
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MUJER II.


He escrito sobre la longitud de tus espinas
Esa perla dorada que apenas deshoja latitudes
Efímeras muertes
Turbulencias
Y el saberte eterna en cada uno de mis pliegues
Cada uno fue un asesinato
Nunca quise decirte lo mucho
Que duelen tus temblores al matarte
Escribí una vez que tenías senos trapecistas
Que apenas podía tocarlos con el aliento de los verbos
El lago dormido de tus pupilas
Y ese encarcelamiento que me proveen tus pezones
Lo hice
Pero apenas latían mis insomnios al buscarte
Escribí de cada parte de tu cuerpo
Y ya me cansé de desnudarte a fuerza de adjetivos
Es hora de darte vida eterna en una imagen
Como afilada piedra
Sabia
Que rompe el cinturón de la noche
Abrigada en una ola.