martes, 27 de noviembre de 2012

Muestra poética de Charles Simic.

Me toca confesarme


Ese perro que trata de escribir un poema que explique por qué ladra,
mi estimado lector, soy yo.
Estaban por echarme de la biblioteca,
pero les advertí
que mi amo es invisible y todopoderoso,
y de todas maneras me sacaron, arrastrado de la cola.

En la plaza, los pájaros hablaban libremente de sus cuitas.
En un banco, una vieja
se cortaba los rulos canosos con tijera imaginaria,
mirándose a un espejo de bolsillo.

Y yo no dije nada.
Sin embargo, esa noche,
me eché y me puse a mordisquear un lápiz.
De tanto en tanto suspiraba,
y le gruñía a algo
que no podía nombrar.
Tomado de:http://zaidenwerg.blogspot.com/


ESPEJOS A LAS CUATRO DE LA MAÑANA

Debes acercarte a ellos oblicuamente
En cuartos enmarañados de sombras,
Echar un vistazo a su vacío
Sin que te descubran
Y devuelvan la mirada.

El secreto es
Que para ellos hasta una cama desierta resulta una carga,
Una mera vanidad.
Son más ellos mismos con
La compañía de una pared en blanco,
La compañía del tiempo y la eternidad,

Que, ruego me disculpes,
No arrojan ninguna imagen
Al admirarse en el espejo,
Mientras tú permaneces a un lado
Y extraes un pañuelo
Para secarte la frente con gesto furtivo.


EL TEMA DE EMILY

Mis árboles queridos, ya no los reconozco
En esta luz invernal.
Me han recordado algo de lo que no puedo prescindir:
El mundo es viejo, siempre lo ha sido,
Nada nuevo ofrece esta tarde.
El jardín podría haber sido la ventana cerrada
De una casa de empeños que yo escrutara
Sólo para encontrar objetos empolvados.

Cada uno de mis pensamientos era escrito
Por autores anónimos. Cada vez que pulsaban
La tecla de una máquina entelarañada yo me estremecía.
Hoy, por fortuna, la oscuridad llegó rápido.
Pronto los vecinos quemaban hojas,
Y quizá también algunas otras cosas.
Después vi a los niños correr en torno del fuego,
Sus rostros diabólicos por las llamas.


MI MAGO

Alguien me sacó de la manga de un esmoquin,
Doctor, colgando en precario equilibrio
Al final de una enorme bufanda blanca.
Revoloteé alrededor de mi mago.
Volé en círculos por el teatro silencioso.

Los sábados a las nueve y a medianoche
Él me partía a la mitad
Mientras yo yacía en el ataúd
Junto a mi novia desnuda.
Nunca le pude ver el rostro
Ni cuando el aplauso estallaba.

Bajo su sombrero conteníamos la respiración.
Éramos dos muñecos casi gemelos que nos
Turnábamos para sentarnos en su rodilla.
Entre dientes de madera
Hablábamos de Dios Padre.
Desaparecíamos luego en una baraja.

Nos sentíamos asustados y felices.
Un momento él tragaba fuego
Y al siguiente lo escupía
Para que nosotros montáramos la extensa llama
Como un carruaje hacia el ocaso.

Entre truco y truco me hallaba en un limbo
Que no podía imaginar:
No en este mundo con su oso encadenado
Y su espejo mágico,
No en el otro
Donde las nubes blancas flotan y las ovejas pastan.


LO QUE LAS GITANAS REVELARON A MI ABUELA CUANDO AÚN ERA JOVEN

La guerra, la enfermedad y el hambre te harán su nieta favorita.
Serás como el ciego que ve una película muda.
Picarás cebolla y trozos de corazón en la misma sartén caliente.
Tus hijos dormirán en una maleta atada con sogas.
Tu esposo te besará cada noche los pechos como si fueran dos lápidas.

Ya vuelan los cuervos por ti y por tu gente.
Tu hijo mayor yacerá con moscas en los labios sin sonreír ni alzar la mano.
Envidiarás a cada hormiga que conozcas en la vida y a cada maleza al lado del camino.
Tu cuerpo y tu alma se sentarán en postes separados mascando el mismo chicle.

“Bella muchacha, ¿estás a la venta?”, dirá el diablo.
El sepulturero comprará un juguete a tu nieto.
Tu mente será un nido de avispas aun en tu lecho mortuorio.
Le rezarás a Dios pero Él colgará un letrero que diga “Favor de no molestar”.
No preguntes más: es todo lo que sabemos.


ANOCHECER INVERNAL

Estos presentimientos que tengo son escalofríos
Por la forma en que la luz
Pinta manchas de sangre en el muro de la casa.
Temo confiar en el gorrión,
Procuro evitar al gato.

El destino te señala desde temprana hora
Con dedo perspicaz
Para luego ocuparse de la utilería
Y pintar el escenario.

La ventana de mi amada estaba en llamas
Por el crepúsculo.
Su pelo era rojo.
La almohada que mecía en sus brazos
Parecía un bebé.

Callado como un mendrugo de pan,
Permanecí inmóvil y observé.
A mi alrededor las aves habían enmudecido.
Y entonces las nubes,
Al igual que la noche,
Agitaron sus trágicos ropajes.


FANTASMAS

Es el señor Brown: luce mucho mejor
Que en la morgue.
Me ha traído una enorme carpa
Envuelta en periódico ensangrentado.
Qué extraña visita.
No había pensado en él durante años.

Lo acompañan Linda y Sue.
Dos recuerdos pálidos, elegantes y borrosos
Tomados de la mano.
Aun su lápiz labial está fresco
Pese a todas las pruebas científicas
Que demuestran lo contrario.

¿Cocinará Linda el pescado?
Ella voltea y mira hacia
La cocina mientras Sue
Se empeña en verme con tristeza.
No creo nada de lo que sucede,
Y sin embargo siento terror.

No sé cómo reaccionar,
Así que permanezco inmóvil.
Las ventanas están abiertas. El aire es denso
Por el olor a magnolias.
Gotas de lluvia nocturna caen
De las hojas pesadas y oscuras.
Inhalo profundamente; cierro los ojos.

Queridos espectros, ni siquiera creo
Que estén aquí, ¿así que cómo es que
Me hacen comprender
Cosas que sería mejor que aún no supiera?

Es el modo en que miran a través de mí
Hacia lo que debe ser ya mi propio fantasma,
Antes de que se vayan,
Tan inesperadamente como llegaron,
Sin que ninguno de nosotros rompa el silencio.

[Poemas incluidos en el libro Walking the Black Cat, Mariner Books, Nueva York, 1996. Fotografía de Peter Gregoire]
 

Soledad
Ahí, donde la primera migaja
cae de la mesa,
piensas que nadie la oye
chocar contra el suelo.
Pero en alguna parte
las hormigas ya se están poniendo
sus sombreros de cuáqueros
y se disponen a visitarte.
 




Temor
El temor pasa de hombre a hombre
sin saberlo,
como una hoja pasa su temblor
a otra.
De repente todo el árbol tiembla
y no hay ni rastro de viento.
 

El jefe contrata
Quiero un hombre que no tenga nada que ganar.
Quiero que su rostro diga: no tengo nada más que perder.
Quiero ver por sus manos;
que no le importarán las horas,
que permanecerá en su puesto, que el salario nunca será justo.


EL ALMA TIENE MUCHAS NOVIAS

En la India me llamó la atención
una mosca en un templo;
me hizo sentir muy claramente
que tal vez, por qué no,
nos conociéramos de antes.

¿Fue en la ciudad de México? Trepaba
entre manchas de sangre las piernas amarillas
de aquel Cristo crucificado
y sus ojos crecían y crecían.
“Dios te siente en el trono eminentísimo
de Su reino invisible”.
Me lo dijo en inglés un pordiosero.
Era ciego. Sabia qué había visto.

En el bar donde Pancho Villa
disparó sus pistolas contra el techo,
en las nalgas al aire de la ninfa desnuda
del cuadro, que emergía de las aguas,
e internándose ahora sin pudor
por la nariz de Buda,
más confidente haciendo su sonrisa,
su mirada más bizca.

Poema tomado de: http://aurelioasiain.com/2012/07/13/ocho-poemas-de-charles-simic/