viernes, 4 de junio de 2010

Pequeña muestra de poesía finlandeza

Imagen de Emma bennett


Ville Hytönen (Porvoo, 1982) poeta y director de la casa editorial Savukeidas. Publicó los poemarios "Kuolema Euroopassa" (2009) entre otros.

Los icebergs han llegado a nuestras orillas
me desnudo los brazos
y los envuelvo alrededor tuyo
mi cara, mis costillas
para hacerlas una extensión de tu cuerpo
un cisne negro nos adelanta despacito,
una herida de presión
sobre la piel blanca, fragmentada,
debajo de ella un circuito o una vena
vibrante ocluida
es noche y muerte para mí
hace poco
información de segunda mano, mañana
caerás como un satélite, como un gorrión blanco
en la mañana de Navidad.


Katy Neuvonen (Helsinki, 1975) poeta y trabajadora social especializada en niños. Publicó Poesía (2009).

En una ciudad había una mujer tan feliz que se la expuso en un museo, ahí ella sonreía. Irradiaba una felicidad tal que la gente parada en la puerta tuvo que usar anteojos de sol, no se permitió la entrada a los niños. Cada hora recitó un aforismo sobre el amor, la gente llegó y escribió en sus pequeños cuadernos cuadriculados, también suspiraron felices. Ellos no vieron cómo el celador por las noches llevaba a la mujer al cuarto de atrás, le abría una tapa en la espalda, le recargaba las pilas, cambiaba su falda, le lavaba el cabello sedoso. La boca de la mujer, más profunda que ninguno de los lagos del país de canciones tristes, se abría y cerraba, tragaba todo y sonreía.


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Una vez tuve un novio tan grande que cuando hacíamos el amor él tenía que echarse en una cancha de fútbol, yo tomaba la cuerda y el piolet y lo montaba. Después lo rociaba con el aspersor, vertía sobre su cuerpo jabón con un balde, así él se bañaba. Su corazón era tan grande que ahí cabían todas las mujeres de la ciudad, las arterias y las venas necesitaban dirección de tráfico. Hoy en día uso su impermeable como lona en un sitio de obras, me toma media hora abotonarlo.

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Una mujer mayor ama tal y como solamente aman las mujeres mayores, mirada redonda en los ojos dispuestos, la punta del túnel en el campo visual, luz. La puerta está abierta, el regazo arrugado como papel de seda refinado. Ella tiene los labios pintados y un resfrío. Ella suelta las amarras y recibe las olas, ahí empieza el patrón conocido, rodamos y rodamos huyendo de la corriente. En la orilla la repliego en forma de cisne, rojo como un útero y un grito en la clínica de maternidad.



Johanna Venho (1971) poeta y escritora de literatura para niños. Fue editora jefe de la revista de poesía Tuli&Savu.Venho ganó el premio de la crítica para el mejor debut literario del 2000 y el premio Katri Vala por su última colección de poemas en el 2006.


Canción de hilado

Hilo una hebra larga, desciendo por ella a las aguas, a la pupila, ojo de la fuente,


sé que estás aquí.
A través de las letras de lápida,
a través de toda la razón me zambullo
un tizón ardiente en el bolsillo
más medias de niña y monedas,
divisa equivocada en este reino,
sé que estás aquí.
Hubieron largos años, hambrientos,
un bote de remos vacío se golpeaba contra el muelle,
tú cerrabas puertas, te asustabas del viento,
repetías palabras embotadas,
horarios, cantidades,
se desramó el árbol de sueños.
Caen copos de nieve,
tengo diez años
atrapo con la lengua,
chica con cola de caballo bajo el cielo estrellado
regresa a casa de la escuela de espaldas.
Tejo un pañuelo largo,
desciendo por él a la noche,
galopo en un corcel negro hasta la vía,
sé que estás aquí,
una canción detrás de la oreja, por debajo de la lengua,
canción que solamente tú tienes:
vestido de hada, flor de sufrimiento,
manos olientes a humo del fogón,
deja que la canción, deja que la canción guíe
desde la calle regla hasta el sendero,
desde la cancha de asfalto hasta el campo del diablo,
desde la espuma del rápido mayor hasta el desagüe,
cae nieve clemente,
nieve de algodón tierna,
sigamos así,
sé que estás
despejado, fluyendo
como alguna vez, antes.


Esta es Luz

Esta es Luz, ella pasea por el archipiélago:
en la costa que es parecida al encaje,
bordes de panqueque cocidos.
Esta es Luz, una niña transparente, hecha de orillas de andrajos
emprende el viaje, una balsa soplada por el viento, una
lancha que confía en el viento.
Para nada está consciente. Sumergida en sus pensamientos
prueba el alga verde sobre las piedras de la orilla,
se lava los dientes con agua salada. Luz vadea
con el agua hasta las rodillas y las cañas le tejen los muslos
en el inicio del muelle comienza la avena fea y grumosa,
hacia ella estira la mano, niña traslúcida y de ventanas,
más fácil de interpretar que un espejo o una letra,
va hacia adelante empujada por una fuerza mayor,
por un flujo de aguas subterráneas, la brisa del mar?
así no es como ella tropieza con el conocimiento,
sólo pensé zambullirme, qué es lo que nos va a pasar?


Katariina Vuorinen (Janakkala, 1976) poeta. Entre sus títulos publicados cuentan Edith suuteli minua unessa, Kylmä rintama (2006). Sus textos han sido traducidos al italiano, ruso, inglés y alemán, y aparecen en diversas antologías. Vuorinen trabaja en la Universidad de Jyväskylä y es la presidenta de la asociación de escritores de Finlandia Central.

La princesa y el guisante

Eres, todo el tiempo, una niña tan talentosa,
humilde, mueles el jengibre para el pastel
dejas correr agua de lluvia sobre la frente dolorosa
escalas entre los cuchillos del viento
desciendes
el resto en los cuartos desmoronados
en las entrañas de las palomas, sobre eso escribes
un libro violeta
Se espera que te conviertas en
una caldera, una yegua
puertas que se abren y cierran de las casas
y cuando en tus manos calientas
los bocados solitarios del invierno
hay otra vez un poco de burlas en lugar del jerez
cariños jugados con dos barajas
correo repartido lleno de exigencia.
Despacito la espalda queda estampada
en los alambres eléctricos, las materias escolares
supuestamente copiadas y los mejores esquiadores
maneras como
botas de goma y papas en el vestíbulo,
el saludo pleno de la estufa
una vez más corta con sus tijeras estopas de tu cabeza talla sesenta
das capirotazos al plato que controlas con los dedos,
palmaditas al caballo férreo, tu único don.


Risto Oikarinen (Helsinki, 1978) estudiante de filosofía, poeta y músico. Recibió los premios de poesía Eino Leino (2003) y Kalevi Jäntti (2005) por su libro Puupuhaltaja. Interpreta sus poemas con el acompañamiento musical del saxofón.


Vamos a levantar el mástil y desplegar la sábana, tensar las cuerdas, armar la carpa, carpa festival, construir la tribuna y desvestirnos, poner en marcha al baterista, contratar un ilusionista y ordeñar al tigre, llenar la pistola del payaso con leche. Mañana, por la mañana vamos a limpiar, ventilar la sábana y bajar el trapecio, cambiar el aire y el director del circo, arrollar la serpiente, cerrar la jaula y matar al ilusionista. Vamos a lavarnos las manos, vestirnos, peinarnos y construir un altar en la carpa.
Hoy es primero de agosto, segundo día de lluvia del verano, mi cumpleaños. Treinta años. Pensé no festejar. Me siento en el alféizar de la ventana para meditar. La posición es difícil. Me vuelco sobre la espalda en el patio. Los nubarrones se arrastran. Un cuervo se posa en la rama del abedul del patio. Doblo las rodillas. Las estiro. Las doblo. Las estiro. Me arrastro en el césped mojado. En la rama los años, como un par de ojos rápidos, me observan, la larva de la mariposa nocturna, el acólito encerrándose en el capullo.

Nota: colección traducida por Johanna Suhonen (Helsinki, 1979) y Roxana Crisólogo (Lima, 1966).

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