jueves, 14 de enero de 2010

Hermoso muerto sin zarpa
Por Jorge Martínez Mejía




Los muertos que no conocí,
los ídolos que levantaron su pequeña fábrica de lámparas
y pan para el sendero, desconocido aluvión de pasos ciegos en la maleza, en los árboles.
Yo tuve un muerto que llamaba a la puerta diciendo: “ábranle a este perro”…
Y eran tristes sus ojos juntándose en el camino con los demás; conmigo mismo hablaba y mi hermana tenía dudas de que ese muerto fuera yo.Recuerdo que una vez se fue al mar dejando un rastro particular, una visión: Un sembradío abrasador, una milpa, unas láminas, hojas metálicas, colocadas en una covacha en la que junto a su perro, Osito, se dedicó a ladrar su balada.Hermoso muerto sin zarpa.

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