jueves, 26 de marzo de 2015

Soy una casa deshabitada




Nos conocemos demasiado
en las palabras
que redundan
debajo de la ropa.


Ana María Vilchez, Talca 1968




Ahora me abandonas.
Jamás volverás a repetir mi nombre.
Ni seré la Penélope que deseas.
Dije tu nombre pálido todas las veces que quise,
Y al decirlo crecía como hierba en mi boca,
Hería mi piel, mi cuerpo desnudo.
La sobra descolgándose de la pared marchita.
Nada soy para ti, ahora.
Sólo tan sólo una patria que abandonas.  Y me dejas como
una casa deshabitada, sin fantasmas, sin ecos.-
El silencio estremecedor de este día que rompe los espejos.
Ahora me abandonas pero no lloro,
No muero, no escribo, no grito, no pasa absolutamente nada.


Soy la Ítaca a la que siempre vuelves cuando todo se te acaba


@Tomado del libro maldita poesía

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