jueves, 6 de septiembre de 2012

Juro.

Confirmo que existo,
que muero cada vez que cierro los ojos.
Cada vez que ascelero el pulso
cada vez al cruzar las piernas.

Confirmo que existo
y no necesariamente cuando todo es azul,
cuando todo es blanco como la nieve o como la harina.
Cuando tenemos la terriblemente necesidad de olvidar.
Olvidar cualquier cosa, pero olvidar.

Este día es un remolino,
una montaña rusa que sube y baja mareándonos los recuerdos.

El sol estalla silencioso en esta ciudad ortodonsa.
Los sueños caen como piedras al agua.

 Confirmo que existo, cuando escucho el llamado tierno de Alexandré;
cuando me estreza el bullicio de las cigarras en temporadas de lluvias.
Cuando abro los  ojos y te veo, dulce o amargamente pero te veo.
Y digo: Aquí esta lo que me pertenece.
No dudo de nadie, ni de mi.

No dudo, juro por Dios que no dudo de mi existencia
aun cuando tiemblo en las alturas; aun cuando me estremece la soledad
juro por Dios que no dudo de mi existencia, ni siquiera
cuando esta casa sola, me llueve por dentro.


© Karen Valladares