miércoles, 29 de agosto de 2012

Nichita Stanescu. Poeta contemporáneo.

QUÉ BUENO QUE EXISTAS

 Me sucede en la vida, entonces, la felicidad que me brota es más fuerte que yo y que mis huesos
 que haces estallar en un abrazo de dolor y maravilla.
 Hablemos, digámonos palabras aguzadas como el cristal de un cincel que separa al río helado de su cálido delta, al día de la noche, al basalto del basalto. Lánzame felicidad contra el cielo,
 mi sien se golpee en las estrellas, mi mundo prolongado e infinito transforma en columna o algo mucho más alto y más urgente.
 ¡Qué bueno que existas, qué asombro existir!
Dos canciones somos, que se entremezclan,
 dos colores, somos, que nunca antes se vieran:
 uno, lo profundo de la tierra y el otro, lo celeste, casi en jirones, trenzados ambos en una lucha sin cuartel: lo maravilloso que eres, el azar que soy.

 (Versión: S. Teillier y Miguel Ruiz)

 LOS JÓVENES

 Se besan, ¡ah!, se besan y se besan los jóvenes en las calles, en los bares, contra los muros, se besan sin sosiego como si ellos mismos no fuesen sino los extremos del beso. Se besan, ¡ ah!, entre los autos que pasan, en las estaciones del metro, en los cines, en los buses, se besan desesperados, con violencia como si la continuación del beso no fuera sino la vejez proscrita y la muerte. Se besan, ¡ ah!, se besan los jóvenes esbeltos y enamorados. Tan delgados que parece que ignoraran la existencia del pan en la Tierra. Tan enamorados, como si ignoraran la existencia misma del mundo. Se besan, ¡ah!, se besan como si estuvieran en lo obscuro, en la más segura obscuridad, como si nadie los viera, como si el sol fuera a iluminar recién cuando las bocas, rotas a besos y sangrantes, no pudieran besarse sino con los dientes. (Versión: Sebastián Teillier)

Imagen: Francesca Woodman