lunes, 8 de agosto de 2011

Emily DIckinson

Degusto un licor nunca destilado en cálices tallados en perlas.
¡Ni todas la cubas del Rin rinden un alcohol semejante!  
Borracha de aire y corrupta de rocío  
me tambaleo por interminables días de verano desde posadas de líquido azul. Cuando los posaderos echen a la abeja ebria de la puerta 
de la digital cuando las mariposas renuncien a sus néctares  
¡yo beberé aún más!  
hasta que los serafines agiten sus sombreros nevados
y los santos corran a las ventanas
para ver a la pequeña bebedora apoyada contra el sol.

(c. 1860)


Despega la alondra y encontrarás la música
bulbo tras bulbo, revestida de plata
apenas entregada a la mañana de estío
guardada para tu oído cuando el laúd sea viejo.
Suelta la inundación, lo verás patente
borbotón tras borbotón, reservado para ti.
¡Experimento escarlata! ¡Escéptico Tomás!
Ahora, ¿dudas de que tu pájaro fuera real?
(c. 1864)