sábado, 23 de julio de 2011

Javier Alvarado

Fotografìa: Karen Valladares


ENTERRADERO DE EL CIPRIÁN
  
En este enterradero todos tenemos epitafio
Una oscura canción que nos persigue desde el pasado hasta el presente
Como una guirnalda de pobres vegetales,
Estos muertos que me habitan a veces, que tanto cargo
Que corrijo en sus posturas, en sus gestos, en sus hábitos,
Que corren detrás de mí como el niño tras el llanto amargo del agua
Se van navegando junto a mi sangre
Como se va escapando el invierno en su fragata.
¿A dónde se fue quedando el ropaje de nuestros primeros abuelos
Y el disfraz de loca y pordiosera de mi abuela
Con su legajo estival después de pasar por los chamuscados
Telares del viento, si eso dicen que la locura entra por el aire
A su viento, donde todos hemos de ir con el primer himno o la campanada
Terrena de esta suerte, de ser huérfano en la luz,
En la territorialidad y en el polvo?
¿A dónde está ella y el cruel abuelo
Que fue dispersando sus hijos por la tierra
(Vitervo, Bredio, Janeth)
Como las cuentas prófugas de un collar
Que halamos con la rabia del tiempo, con esa sacudida
De los animales que vuelven del espasmo
Cuando la noche se posa sobre nosotros
Como un gigantesco amaranto o como un pulpo
Que se ha sacado partituras con el orgasmo pétreo de su tinta?
Oh, mis primeros muertos que el chubasco del invierno
Me trae en desordenadas imágenes
Donde se contemplan el bestiario de las musas
Si no he podido contemplar la levadura de sus huesos
¿Dónde está su tumba, abuela inmemorial de maíz y greda
Marcaria Espinoza la que se fue sin ataúd
Sólo con la mortaja de llanto de sus hijos ausentes
En su humildad y en su locura?
Nosotros abandonaremos estos cuerpos, habitaremos estas burbujas
Que el invierno escupe.
Habrá tumbas desde el cielo a la fragata,
Nos hospedaremos en tu casa y seremos todos tan reales y desconocidos.
Éste es tu enterradero de El Ciprián, donde todos tendremos epitafio.
EMILY CON SU FIRMAMENTO HERMOSO
Hay otro firmamento
Siempre sereno y hermoso.
Dickinson
Emily mira el jardín interior que está más allá de las murallas
Quisiera tomar ese territorio                 donde pule su cayado el peregrino:
Donde la sombra encuentra su gemelo
Y donde dice:
Poeta
entra en mi jardín, hermano, hay un firmamento hermoso.
En los días ella toma el hilo y la costura;
Poda la perfección de la flor en cada paso
Va sembrando una balada
En cada pétalo que deshojan las alcobas
Donde se yergue el mausoleo a la belleza
En los ojos donde beben fuego las golondrinas de la sangre.
De resistirse al océano de las almas
Su padre un pastor de iglesia, la conmina
A la reverencia de las luces
Y las aguas
En el rebaño del señor,
Como una oveja saludosa
Que va del pasto ennoviado
Hacia pájaros y campanas que se apagan
Es el recuento de una historia y de otra historia,
Esposa purpúrea y blanca
Donde el sol penetra como una cabra en el bostezo
De los escarpados soles de nuestras vidas y las vidas.
Allí plantando un verso,
Un poema para la bolsa
La crónica de plata
Donde la sombra encuentra su gemelo
Y donde dice:
Poeta
Entra en mi jardín, hermano, hay un firmamento hermoso.
ENCUENTRO CON LOS ALMENDROS
A Carolina, Damiana y Mercedes, 
por compartir sueños debajo de los almendros
Camino y mi eternidad se va a buscar la sombra
De todos los almendros. Alguien los ha cortado
Y los vuelvo a sembrar en la memoria.  Quizás indagando
Sabré a donde están las frutas que cobijaron
La vastedad de todos los dominios; esas estrellas sucias
Que recrea el grumete regresando de la calma
De su cimitarra hueca,
De los vestigios de esa caza
Y de esa numerología que nos hacía desenterrar los rostros
De las antiguas cabalgatas,
Cuando los campesinos amarraban
Los caballos y éstos sacudían sus belfos
En la corteza señalada por los augurios y el amor de antaño.
Esa corteza fue nuestra madre y la placenta de otra tierra,
De otros espíritus que hoy se enlazan en el brillo
O en la jarcia encaminada
De las iniciales de otros troncos
Yo vuelvo a entrar a la casa de los abuelos con el sol desparramado
En las gradas del verano,
El invierno y sus lluvias
Cosen un traje oscuro para que dome  las tinieblas
Cuando hay sangres
De otros espejos tiritando
Entre las hojas secas y verdes
Que hacen renacer el pacto de Dios en la pupila
Que  jamás se apaga después de reflejarse en la corola de los cielos.
Nadie me anuncia y llego al patio donde alguna vez estuvieron.
Me reciben sus esqueletos y algunos vestigios de sus vestimentas.
Quisiera imaginar que ahí están mirándome
Con sus gibas y sus promontorios de fruta verde y rosada
Y después color marrón para el asedio de nuestras bocas infantiles.
Ahora el hambre es otro designio
Para esto que no llevo
Y no sé nombrarlo.  
Todas las coristas y las núbiles doncellas
Apedreaban la pulpa viva hasta que aparecían los huesos  íntimos
De esa fertilidad eterna; 
Allí se quedaron nuestros juegos
Y la muerte que es la brisa sacude el patio interior
De ese recuerdo.
Entre la suciedad y el polvo una fruta queda
Para rememorar lo que ya existió. 
Tomo una piedra y machaco el milagro,
Aparece la vida y la coloco sobre mi boca
Y mi lengua almendrada  rompe a llorar.

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