jueves, 10 de febrero de 2011

Algunos poemas de ciudad inversa


Por Karen Valladares


La abuela


A: Lupe, a Mamachón, y Eva.


La abuela sueña con vivir siempre.
Todavía atrapa anocheceres infinitos
En la profundidad de sus manos.

Ignora al tiempo tostándose en sus mejillas.

La abuela aún recuerda
aquella guitarra marchitándose en sus dedos.
Su infancia imposible sin muñecas,
mezclada de cal, y de ríos crecidos hasta la rodillas.

Aún recuerda el nombre de sus enamorados,
y por siempre recuerda
el parto doloroso de sus hijos.

La abuela aún cree que cuando despertamos
es para nacer de nuevo.

Ella aún descubre palabras
vestidas de colores
formas y cosas.

Ella ha venido a bordar junto a mí
la transformación de sus antepasados.


Caballo blanco en el sepelio


En la ciénaga, mi caballo vigila la canción del agua
Jorge Martínez Mejía


El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio.
Nadie lo ve más que mi espíritu angustiado.
Nadie siente el frío rozar de su caminata y el meneo tembloroso de su cola.

Sufre el caballo la pérdida del que lo vio nacer,
y observa como se hunde el cuerpo en la tierra,
y como es sepultado y olvidado.

El caballo blanco trota suave y silencioso en el sepelio,
se aleja, con los ojos vidriosos por el llanto
Desaparece corriendo y relinchando, entonando alto el canto de su despedida.


Me es indiferente ver venir la muerte

Me es indiferente ver venir la muerte
asomarse como un pájaro
yéndose como un fantasma que lleva mi nombre en sus costados;

Me es indiferente ver llegar la muerte,
la sombría muerte,
la tardía muerte
la temprana muerte
la dolorosa muerte
la misteriosa muerte
que me vean colgada del techo,
sangrando hasta los pies,
hasta las uñas
hasta el suelo
postrada como árbol herido.

Me es indiferente
cualquier tipo de dolor,
de angustia
de desconsuelo y desesperación,
volverme loca y andar por las calles
desconocida.
Verme elevada
como hoja seca
caída desde hace tiempo.

Me es indiferente ver la muerte,
verla venir
verla irse y carcajearse sin piedad
arrastrando su bufanda de poemas
suicidas.


Intenté suicidarme

Intente suicidarme.
Sigo viva por todas mis desgracias,
anotando los restos de mis días en una libreta polvosa.
La vida para mí solo era un juego de niños, un ir y venir sin propósito.

He saboreado la nada, aprendí a contemplarme,
a desvanecerme, a sentir pudrirse la soledad.
A verme inútil todas las veces que quise,
a no tenerle fe a nada, a odiar los aguaceros y el bullicio del sol.
Odié por completo el griterío de los niños en los recreos,
la pulcritud de los hospitales, los parques y las calles completamente habitadas.

Consumí la locura en todos mis tiempos,
absorbí todo lo que no le quedaba.
Mi nombre ahora quizá sea locura.

Intenté suicidarme.
La muerte lanzó los dados y no tuve suerte.
Sigo viva,
viva,
viva.
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1 comentario:

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