domingo, 8 de agosto de 2010

Escritor por naturaleza.


(Conversación con Rodrigo Fresán)

Rodrigo Fresán nació en Argentina en 1963. Actualmente, además de ver televisión, escuchar música, ir a cine y escribir artículos para Página 12, Letras Libres, El Malpensante y otros más, trabaja con ahínco en un documento total sobre la obra de Bob Dylan. Paralelamente tiene nueve libros en gestación.

Sus libros publicados, que ya suman siete, incluyen la novela-bestia-conjuro Mantra, un viaje alfabético de ultratumba por el laberíntico México, D.F.; la novela-biografía-ficción Jardines de Kensington, que orbita libre y enloquecidamente alrededor de la figura del creador de Peter Pan; su debut Historia Argentina, donde todo nace de anécdotas gauchescas; y La velocidad de las cosas, una novela sobre muertos, intersecciones, fragmentaciones y monstruos.









Por Javier Moreno
Seguro que no es la primera vez que oyen referirse a alguien como yo, individuos a los cuales las diferentes formas del arte pretenden redimir y presentar como criaturas encantadoras, diferentes, antihéroes, cuando en realidad somos auténticas basuras: formas originales de lo monstruoso que lo único que hacen es alterar lo establecido. Pérdidas de tiempo en constante movimiento.
R. Fresán, El aprendiz de brujo

Hace un tiempo ya que quería viajar a Canciones Tristes. Por un año, estuve cotejando datos e intentando calcular el lugar preciso donde se encontraba el polimórfico pueblo nostálgico de las historias de Fresán; ése de donde venían todos su personajes y al que, aunque eternamente lo cargaran a cuestas, nunca regresaban.

Mis primeros y burdos intentos de interpolación me señalaron coordenadas imposibles en el justo medio del Atlántico, cerca a las Canarias. Absurdo. Métodos más precisos sugirieron que Canciones Tristes, como la mayoría de esas cosas que nunca atinamos a situar, no era una partícula sino una onda. No se encontraba, simplemente pasaba.

Canciones Tristes no era un lugar, me equivocaba. Era una emisora ambulante de onda corta transmitiendo señales telepáticas desde las entrañas de un hombre hacia el subconsciente del resto. Para cualquier efecto, Canciones Tristes y Rodrigo Fresán eran indistinguibles. Lo más parecido a viajar allí, concluí, era entrevistarlo. Me tomó un tiempo contactarlo.

Rodrigo Fresán (a.k.a.) Canciones Tristes no es alto, es largo, y camina y habla con la placidez del eterno desprevenido. Parece un turista perdido que sabe que ése es su lugar. Despista. Nadie sospecharía de él.

Nos encontramos un día por la mañana frente a La Pedrera. Caminamos hasta un café cercano. Yo pedí un capuchino y él un granizado de limón. Nos sentamos. Encendí mi grabadora.

Un Lector-Escritor X

j. Hace poco, en algún artículo, te referías a ti mismo como un mutante, debido en parte a que naciste clínicamente muerto y con una costilla de más. Revisando tu biografía me enteré de que llegaste al mundo en 1963, igual que los X-Men. ¿Hay alguna relación entre ambas cosas?

R.F. Soy un X-Men sin superpoderes. Lo peor de ambos mundos.

A decir verdad, la autocalificación en ese artículo de Mutante está hecha desde un punto de vista un poco graciocillo. De hecho, la serie de etiquetas que se me colocan a mí automáticamente como "Literatura Mutante" o "Freak" me parecen un poco tontas. No estoy de acuerdo, básicamente.

Yo no lo vivo como un interés por algo alternativo o por algo friki. Para mí es simplemente lo que me interesa, digamos. Me visto perfectamente normal. No es mi personaje tampoco.

La categoría de friki es muy amplia. También podría decir que un escritor que se preocupa por las sagas nibelungas y los gauchos y es ciego y es Borges, es friki. Kafka es friki. Todo el mundo fue friki en su momento, creo yo. Faulkner fue friki, Fitzgerald fue friki.

j. ¿Cosas de la adolescencia?

R.F. No pasa por la adolescencia, pasa por estar haciendo algo un poco a contrapelo de la tendencia general. Pero también la mayoría puede ser friki, no tiene que ser siempre la minoría. A mí que aquí en España se escriban exclusivamente novelas sobre la guerra civil me parece más friki que cualquier otra cosa. Que sea como un tema constante y aparentemente imposible de abandonar. O que en la literatura o el cine argentino siempre tenga que haber un desaparecido de por medio. A mí me parece algo friki, también.

La oficialidad puede ser completamente friki.

j. ¿Cómo comenzaste a escribir?

R.F. Siempre quise escribir.

Tengo recuerdos muy primarios míos de no saber leer y escribir, pero ya estar exigiéndole a mis padres ir al colegio para poder ser escritor. De hecho a primer grado de primaria yo entré un poco antes.

En mi casa había muchos libros siempre. Me gustaba mucho verlos. Había muchos escritores. La figura del escritor para mí nunca fue una vocación exótica o romántica o la alternativa a ser médico o abogado.

Me gustaba dibujar, me gustaban mucho los comics y me gustaba mucho leer y escribir y por suerte, para bien o para mal, la historia me fue obligando a que no hubiera ninguna opción. De hecho, no la había desde un punto de vista vocacional, pero bueno.

Todo mi prontuario escolar fue muy accidentado. Me tuve que ir de un día para el otro de Argentina a Venezuela. Se perdieron los papeles. De hecho, yo para la ley argentina soy semi-analfabeto. Sé leer y escribir pero no tengo terminado el colegio primario.

En Argentina hay siete grados de primaria y en Venezuela hay seis nada más. Yo me fui de Argentina cursando séptimo de primaria y llegué a un lugar donde no existía. Pasé directamente a primer año. Hice primero, segundo, tercero y cuarto de secundaria y, claro, cuando volví a la Argentina las autoridades me dijeron «Usted no pudo haber hecho nada de secundaria porque no terminó la primaria, le falta séptimo grado.» Entonces quedé como suspendido en una especie de limbo burocrático. Aparentemente se podía solucionar pero tenía que rendir trabajos manuales de séptimo grado así que al final dije bueno, al cuerno con todo. Yo de todas maneras no pensaba seguir estudios superiores de ningún tipo. Así que básicamente tuve que ponerme a trabajar rápidamente y empecé a hacer periodismo porque era lo más próximo a escribir.

No me arrepiento que haya sido así. Lo único que te complica es el tema de las becas y de cosas por el estilo que no puedes optar casi a nada. Por más que tengas un currículo ya profesional, si llegas compitiendo con alguien a la recta final van a decir «éste tiene colegio primario y éste no».

En ningún momento tampoco era consciente de estar ejerciendo como escritor o inventando historias. Yo creo que tiene que ser una cosa genética, algo en el ADN, la idea de que surja un escritor.

j. ¿Será algo innato?

R.F. Si no es innato por lo menos es una vocación infantil. Es una decisión que la mayoría de los escritores la han tomado temprano. La idea de ser escritor se toma, a más tardar, a los veinte años. Hay casos de escritores otoñales que han publicado uno o dos libros a último momento, y hay gente que ha cambiado de vocación. Pero generalmente es una vocación bastante infantil y bastante irracional en el sentido de que es una de las primeras grandes decisiones que tomas sin tener, tal vez, los instrumentos necesarios para justificarla. Para justificar racional, económica y prácticamente esa decisión.

Hay una diferencia muy grande y es que el resto de las artes y obviamente de las ciencias necesitan adquirir conocimientos calificados y realizar estudios profundos. Para ser pintor necesitas la perspectiva, la composición para ser músico, las ciencias ni hablar, pero en cambio los materiales o los recursos que necesitas para ser escritor los recibes en primer grado de primaria. Es muy barato y está casi en todos. De hecho, yo creo que todo el mundo sueña con ser escritor en realidad, lo que pasa es que luego te das cuenta de que no es tan sencillo. Es engañosamente fácil pero ciertamente difícil.

j. Lo describes como una decisión forzada.

R.F. Es que no hay otra opción. Si sabés que eres un escritor, ¿qué vas a ser? Están las disciplinas alternativas como el periodismo, o escribir para el cine o la televisión, o la publicidad, un poco como formas ligeramente bastardas de la literatura.

j. En Colombia hay toda una escuela de poetas publicistas...

R.F. En argentina hay muchos publicistas también. A mí no me interesa para nada. Prefiero trabajar con formas más nobles de la mentira.

j. ¿Como el periodismo?

R.F. El periodismo está bien, a mí no me molesta. Yo he aprendido muchísimo del periodismo. Desde un punto de vista práctico te enseña a narrar. Te da una visión muy próxima y muy inmediata de lo que es el lector, el famoso cómo-cuándo-dónde-y-por-qué te lo impone de una manera clara. Yo estoy muy agradecido y lo sigo estando.

En algún momento, me resultaba más fácil, tal vez. Siempre digo que, cuando empecé a hacer periodismo, pasar del periodismo a la literatura, en el mismo ordenador, y durante el mismo día era como cambiar de sombrero, ahora es como cambiar de traje de astronauta.

j. Claro que tu trabajo periodístico siempre ha tenido un sabor literario.

R.F. Siempre me las arreglé o por casualidad o por astucia para tener jefes que si no disfrutan por lo menos respetan mis idiosincrasias. Siempre se me ha dejado hacer básicamente lo que me gusta hacer. Siempre escribo sobre cosas que me interesan y me gustan medianamente.

Eso me implica un problema secundario. En un punto es un poco cansado porque dejas de tener vida privada. El libro que te compras, el disco que escuchas, película que vas a ver, todo eso se convierte en materia periodística. Es un poco agotador. La sensación un poco angustiosa de estar sentado viendo una película y que, por reflejo, ya se te ocurra el título del artículo que escribirías; aunque no lo hagas. Es cansador. Como que no puedes desactivar.

Tal vez el único defecto de la escritura es que no hay un interruptor que te permita descansar. Es un trabajo de veinticuatro horas al día.

j. Pero te gusta.

R.F. Yo no la paso mal. Yo disfruto mucho escribiendo. Siempre he defendido la figura del escritor que se divierte más que la del que sufre. A mí los profetas apocalípticos, Sábato y Saramago, como perfil de lo que es un escritor, no me interesan para nada. Yo soy mucho más hijo directo de escritores como Vonnegut o como Ballard, que pueden estar prediciendo el mismo fin del mundo que Sábato y que Saramago pero lo hacen de manera mucho más graciosa.

j. En el proyecto en linea literature-map.com te sitúan rodeado, entre otros, de Pessoa, Nabokov, DeLillo y Foster Wallace, pero el que aparece más cercano a ti es Benedetti. ¿Qué opinas de ese círculo literario?

R.F. ¿Benedetti? Ughs. De Pessoa no leí nunca un libro. Me gusta tener a Nabokov cerca. Y está bien que estén DeLillo y Foster Wallace. Cheever debería estar.

La cercanía de Benedetti me inquieta un poco.

j. ¿Será debida a que ambos son suramericanos y aparecieron en películas argentinas realizadas durante los noventa?

R.F. Pues si esa es la razón, estoy dispuesto a comprar todas las copias de Martín (Hache) y quemarlas.

j. Hablando de eso, ¿Cómo terminaste en Martín (Hache)?

R.F. Yo a Aristarain lo conocía bastante, pero en realidad mi presencia allí tiene que ver con que la primera escena de Martín (Hache), donde él tiene la sobredosis, donde hablan de una droga, de DOG. Todo eso lo sacó Aristarain de Esperanto, entonces le divertía la idea de que apareciese yo en alguna que otra escena por ahí. Me pagaron muy bien. Compré muchos libros muy buenos. Me acuerdo que con el dinero ese me compré A prayer for Owen Meany de John Irving. Estaba carísimo. Estaba en la edición en tapas duras en Argentina y estaba muy caro y me lo compré con eso.

Mi mujer de entonces es la que hace de mi esposa en Martín (Hache). Es actiz ella. Aparece ahí también.

j. ¿Cómo escribes? ¿Tienes alguna rutina de trabajo?

R.F. Soy bastante espasmódico. No soy un escritor de disciplina. No tengo horarios fijos. Cada libro me plantea un ritmo y una necesidad. También siento que mi jornada laboral está muy puntuada por las necesidades puntuales periodísticas del momento. Ahora por ejemplo, la novela nueva de la que tengo una primera versión terminada está completamente dejada de lado porque estoy terminando un trabajo por encargo que es la traducción de las letras de Bob Dylan, que toca entregarlas a fines de julio.

No hay un sistema. Esperanto lo escribí en una semana; La velocidad de las cosas me duró varios años; Jardines de Kensington un año.

j. ¿Y qué hay de la lectura?

R.F. Leo espasmódicamente. No es que me siento y digo, bueno, las dos próximas horas me las voy a dedicar a leer. Leo varios libros al mismo tiempo y hago varias cosas.

j. ¿Lees rápido?

R.F. No sé cuál es la velocidad de la lectura.

Las Musas Multimedia

j. ¿Qué haces cuando no estás leyendo o escribiendo?

R.F. Veo bastante televisión, y cine. Escucho música.

Con el tema del DVD y el rescate de las series viejas, la televisión para mí se ha vuelto algo bastante nostálgico. Las series nuevas, me gusta mucho House por el personaje. La parte médica no me interesa en absoluto. Es Sherlock Holmes básicamente. Es el mismo planteo de personaje: un cretino superdotado.

j. ¿Sigues Lost?

R.F. La primera temporada no me interesó para nada y la segunda sí. Pero me da un poco de miedo que Lost sea una cosa tipo Twin Peaks o David Lynch donde no hubiera ninguna explicación lógica finalmente. El otro día leí que faltan como tres o cuatro temporadas más. Yo creo que Lost debería haber durado dos temporadas. No me parece que sea una cosa que se pueda alargar ad aeternum.

j. ¿Qué más estás viendo?

R.F. Estoy viendo una cosa que me traje de Nueva York ahora que estuve, y que es una serie de los ochenta que a mí me gustaba mucho que se llamaba Crime Story, producida por Michael Mann, que la hizo luego de Miami Vice, que nunca me gustó y esta, no sé si la viste alguna vez, con Dennis Farina. Policial, ocurre a finales de los años cincuenta y durante los sesenta. Duró dos temporadas, nada más.

j. ¿Tienes toda Dimensión Desconocida?

R.F. No. En varias oportunidades pensé en comprarme la colección completa de Dimensión Desconocida, pero descubrí que yo no quería tenerla, que a mí lo que me gusta de Dimensión Desconocida es encontrármela haciendo zapping eventualmente, no quiero ser el dueño de Dimensión Desconocida.

j. ¿Has visto la nueva versión presentada por Whitaker?

R.F. Forrest Whitaker. Es bastante absurda la elección. Yo creo que gran parte de la gracia era que, bueno, me encantaba que estuviera Rod Serling, porque Serling era el factotum de la serie, pero creo que el presentador de Dimensión Desconocida tiene que ser un cara de nada, como Rod Serling. Una figura muy clásica. George Clooney sería un muy buen presentador de Dimensión Desconocida.

En realidad, lo ideal sería que fuera uno de estos talking heads de noticiero norteamericano. Brokaw, ahora que no tiene trabajo. Whitaker es muy freak. Entiendo la corrección política de que haya que poner a un negro, por fin, siendo el presentador de Dimensión Desconocida. Alguien lo vivirá de ese modo y me parece respetable. En realidad yo creo que deberían generar a un Rod Serling por ordenador y que él lo presentara. El fantasma eléctrico.

j. Hablando de reemplazos, ¿Cómo te parece la elección de Nicole Kidmann para representar a Diane Arbus en Fur?

R.F. Me parece una mala elección.

j. ¿Estará especializándose en mujeres suicidas artistas?

R.F. Cada vez hay más, ¿no? Está muy de moda.

A mí me hubiera gustado Catherine Keener. Alguien así. Una actriz un poco más alternativa, más indi.

Hace poco fui a Nueva York a presentar Jardines de Kensington, que sale allá ahora, el 15 de junio, creo, y tuve una gran gratificación porque dijeron, bueno, va a haber una actriz que va a leer fragmentos de tu libro. Era Lilly Taylor, lo que me dejó muy pasmado. Valerie Solanas leyéndome. Lilly Taylor también lo haría bien.

j. ¿Cómo se oye Jardines de Kensington en inglés?

R.F. Es muy buena la traducción. Es hecha por Natasha Wimmer, que está traduciendo ahora Los detectives salvajes y 2666. Creo que Los detectives salvajes va a salir en inglés en el 2007.

j. Regresemos al cine, ¿Viste la película del Código da Vinci? ¿Cómo te pareció?

R.F. Muy mala. Yo esperaba que fuera muy buena la película, y no. Cabeceé un par de veces. Estaba cansado ese día, pero que una película como el Código da Vinci te aburra es grave. Tiene problemas de ritmo gravísimos. Está mal filmada. Las partes de acción son realmente muy pedestres. Completamente absurda, toda.

j. ¡Pero el libro es absurdo!

R.F. Sí, pero yo tenía esperanzas de que lo mejoraran para el cine. Esos efectos especiales en los que el pasado se reconstruye a los ojos de Tom Hanks me parecen completamente ridículos. Una cosa de Harry Potter.

No me gustó para nada. Él me pareció patético. A ella no la soporto. Ian McKellen me causa gracia, pobre hombre. Es como esta nueva generación de actores ingleses estilo Antony Hopkins que hacen cualquier cosa; donde haya dinero van. Debe ser bastante adictivo. Decir: «Joder, toda mi vida haciendo Shakespeare y ahora descubro que era ésta la solución.»

Es muy gracioso Ian McKellen. Ayer o antier leí una entrevista donde le decían que si él no pensaba que la producción de la película El Código da Vinci no tenía la obligación de poner al principio, como había pedido el Vaticano, que eran hechos de ficción y que no eran reales, y dice que sí, que está bien, que tienen razón, pero pues también al principio de la biblia tendían que poner una adenda que dijera exactamente que los hechos aquí contenidos no son reales. Cosa que me pareció muy acertada.

j. ¿Cuáles son las peores películas que has visto?

R.F. A mí generalmente las películas con protagonistas monjas me parecen terribles. No me puedo soportar. Empezando por The sound of music y todo eso. La monja picarona que finalmente cuelga los hábitos me parece monstruosa. Monjas o sacerdotes, realmente: Las películas de Spencer Tracy donde hace de sacerdote o de Bing Crosby donde hace de sacerdote no puedo soportarlas.

Y luego las otras películas que me parecen muy desagradables son esas con actores ancianos que son como cantos a la vejez.

j. ¿Como Finding Forrester?

R.F. Esa es la de Sean Connery, ¿no? Bueno, ahí tengo un problema grave y es que se meten con Salinger, directamente, entonces no.

Generalmente las películas de escritores suelen ser bastante malas. Es natural, ¿no? Porque también la profesión y el modus operandi de los escritores es lo menos cinematográfico que existe. Una persona sentada, básicamente.

j. ¿Alguna película decente sobre escritores?

R.F. Capote es muy buena. Smoke también es muy buena. William Hart me parece un escritor verosímil. Las de Won Kar Wai: In the mood for love y 2066, Barton Fink, Providence, de Alain Resnais. Hay pocas, muy pocas. Bueno, me gustó también esta adaptación de John Irving de La puerta en el suelo.

j. ¿Cuál crees que será la siguiente novela de Philip K. Dick transformada en película?

R.F. Eventualmente van a ser todos pasados a película pero sin reconocerlo. Yo creo que él es el autor más plagiado y menos reconocido de toda la historia del cine y de la literatura. Ahora viene Una mirada a la oscuridad, creo.

Yo creo que todo Dick va a ser completamente digerido y asimilado.

Dick es un genio en el sentido incluso más amplio de la palabra...

j. ¡Prefiguró toda la ciencia ficción contemporánea!

R.F. Delineó el presente inmediato con el futuro inmediato, que es mucho más difícil y que en realidad es una de las misiones más claras de la ciencia ficción. Creo que hay dos figuras en el siglo veinte que son completamente proféticas y que además murieron en el momento exacto en el que el mundo comenzaba a ser el mundo de ellos. Uno es Dick y el otro es Andy Warhol. Todo lo del Gran Hermano, todo lo del Videoclip, todo eso. La idea de la fama como concepto, no importando lo que hayas hecho. Todo el tema del periodismo rosa y los personajes freak, trash, basura, estaba en The factory. Estas especies de figuras alternativas del espectáculo que él proponía que eran patéticas.

j. A Vonnegut le pidieron una idea en una entrevista para un reality show aterrador. ¿Cuál se te ocurre a ti?

R.F. El más interesante y el más aterrorizante sería la presidencia de Estados Unidos. Yo en Vidas de Santos, en la versión nueva, propongo que la elección del papa debería ser un reality show. Cosas del tipo: «Giovanni ha sido expulsado de la capilla», qué se yo. Entre las tareas ponía: «¿Cómo manejar con mayor elegancia una dictadura latinoamericana a cargo de militares católicos?», «¿Quién canoniza más rápido?». Eso sería interesante.

j. ¿Pero escalofriante?

R.F. No hay nada escalofriante. Yo creo que ya estamos más allá del terror. La lucha contra el terror de Bush, que menciona en su discurso cada cinco minutos, me parece que ha instalado el terror de otra manera. El terror no son los fundamentalismos o las bombas sino la cotidianidad absoluta.

j. Pronto nacerá tu hijo. ¿Cuál te gustaría que fuera su primer libro?

R.F. David Copperfield de Dickens.

j. ¿No es muy duro?

R.F. La vida es dura. Prefiero David Copperfield al Principito, digamos.

Yo creo que hay un problema con todo este fenómeno masivo de Harry Potter donde el libro infantil volvió a adquirir un valor desmedido en cuanto a que es como un animal por separado. Yo creo que los grandes libros infantiles no son infantiles. No me gusta el libro escrito especialmente para niños. Nunca me interesó como género.

j. ¿Qué tal te parece Harry Potter?

R.F. Leí los dos primeros o los tres primeros. Ahora veo las películas. Ya cuando esa especie de libros empiezan a tener ochocientas, novecientas páginas, ya no me parece que no. Ya se acaba, ¿no? Creo que falta uno. Yo creo que en ese sentido Rowlings va a cumplir. No va a sacar spin-offs ni nada de eso. ¡Espero que no! El ansia ya no da para más. El éxito ya lo tiene, ¿a qué más puede aspirar?

Los Habitantes de Canciones Tristes

j. Tengo entendido que estás escribiendo una novela de fantasmas, ¿cómo va eso?

R.F. La novela de fantasmas está aparcada. Luego de Jardines de Kensington empecé a escribir dos novelas que dejé de lado y me decanté por una tercera que es la que está más o menos terminada y sobre la que no voy a decir absolutamente nada.

Yo tengo muchos proyectos. Tengo nueve proyectos de libros. Tengo dos proyectos muy antiguos. Uno es sistematizar toda esta serie de relatos de El aprendiz de brujo, escribir nuevos y armarlo con formato de novela.

El otro es el libro este narrado por Albert Speer, por el arquitecto de Hitler. Es un libro que transcurre con Albert Speer en la cárcel. No son las memorias que escribe sino son otras, unas memorias alternativas que acaban siendo como una historia paralela del tercer reich donde existe este personaje llamado Mambrú que es un jerarca nazi o de figura muy querida por Hitler que no aparece por ninguna parte. Ese proyecto se llamaba Mambrú, pero luego me enteré de que hay un escritor colombiano muy famoso que tiene una novela que se llama así.

j. Leí algo de un proyecto titulado La trilogía del Zopilote. ¿Algún comentario?

R.F. Es una cosa que dijo Bolaño. Bromas que hacía él. Nada. Teníamos un par de proyectos a cuatro manos, o dos manos, con Roberto.

j. Hace poco salió una nueva edición de La velocidad de las cosas que cuenta, parece, con un relato adicional. ¿Siempre añades cosas a las nuevas ediciones de tus libros? ¿Por qué?

R.F. No hay ningún libro mío que no tenga añadido. Siempre se pueden corregir erratas y siempre se pueden mejorar cosas y, bueno, el siguiente paso es añadirles cosas que se te siguen ocurriendo. En este sentido los libros, por lo menos en mi caso, no son materia muerta y no tengo el grado de soberbia suficiente como para pensar que están terminados y que son inmejorables.

El caso de Jardines de Kensington, que tal vez ha sido el que más materia nueva tiene, son como ochenta páginas en total, creo que tiene que ver con haber trabajado con la realidad, con Barrie, y seguir enterándome de cosas. Lo mismo con Mantra. Ahora va a salir una nueva edición en Francia con la letra erre, que faltaba. Nadie se dió cuenta. Yo me la reservé para ir agregando cosas. Son como cuarenta o cincuenta páginas más.

j. ¿Agregaste a Chespirito y Cantinflas? Creo que faltaban.

En Mantra están básicamente las cosas que a mí me gustan. A mí Chespirito y Cantinflas no me gustan. ¿Cantinflas no está? De hecho, en la letra erre, en el agregado, en un programa del canal Mantravisión, se menciona un cómico que se llama Chejovito que tiene un programa que se llama El Pinche o La cucaracha escarlata, o algo así.

Esto de los añadidos también tiene que ver un poco con una especie de vendetta contra la industria discográfica. Lo que impuso todo esto del bonus track y el demo y todo esto fue el CD, lo cual a mí me ha obligado en varias ocasiones a comprarme un disco hasta cuatro o cinco veces.

Para La velocidad de las cosas había varios relatos que yo escribí a posteriori que todavía estaban un poco contaminados por el estímulo de ese libro o por la estética de ese libro. La verdad es que la edición que salió ahora es probablemente el libro mío que más me gusta.

j. ¿Y qué hay de tu costumbre de añadir agradecimientos al final de los libros? ¿De dónde salió eso?

R.F. A mí me parece, primero, que hay que agradecer. Segundo, no hay ningún escritor que no le deba nada a un escritor anterior. Hay dos tipos de escritores en este sentido. Hay muchos escritores que prefieren barrer las pistas bajo la alfombra y hay otros que nos gusta exponerlas en los estantes. A mí me parece que es una cuestión de estricta honestidad, nobleza, qué sé yo.

Además también es una cuestión de que si a alguien le gustó el libro mío, me parece lícito contribuir hacia otras lecturas, las que generaron ese libro. Muchas cosas las descubrí de ese modo. A Jack Kerouak lo descubrí a partir de Dylan. Había una foto de él en la tumba de Kerouak y yo dije «¿Quién será este tipo?», qué se yo. Así se hacen las bibliotecas y así se hacen los escritores. Siempre lo digo: la patria verdadera del escritor, o su ADN, es la biblioteca.

j. Los Beatles son referencia frecuente en tus libros. ¿Cuál es el Beatles Top 5 según Fresán?

R.F.

  1. A day in the life (Primero, seguro).
  2. She said she said.
  3. Tomorrow never knows.
  4. La suite de Abbey Road. Los falsos temas pequeños enganchados.
  5. La versión de Twist and Shout (que no es de ellos, pero es como si fuera de ellos)

Me quedan muchos por el camino, obviamente. Me gusta mucho I'm only sleeping o Happiness is a warm gun.

Dylan y Beatles me gustan mucho.

j. ¿Cómo va tu traducción de Dylan?

R.F. Complicado. Cansador, además. Hubo una cosa que yo no calculé cuando acepté el encargo. Cuando yo lo acepté dije «Bueno, me voy a arrepentir un año, pero si digo que no me voy a arrepentir toda la vida». Pero lo que yo no calculé de ningún modo es que cuando algo que te gusta, te da mucho placer, se convierte en trabajo cambia un poco el signo. Tomé distancia, digamos. El trabajo se hace mucho más arduo.

No estoy sólo haciendo la traducción sino contando un poco. Tiene notas al pie, o un aparato de notas al final de cada uno de los discos donde se cuenta la historia de la canción, cómo la compuso, de dónde vino, comentarios de otros músicos sobre las canciones. Como dicen, es un "Labor of Love."

j. Otro pasajero frecuente de tus historias es Salinger. ¿Crees que se publicarán novelas póstumas de Salinger?

R.F. Pues no lo sé, con Salinger nunca se sabe. Es un misterio insondable. Salinger es la Dimensión Desconocida. Yo creo que sigue escribiendo. Es bastante admirable lo que ha hecho desde el punto de vista de mantenerse fiel a una idea. La idea puede ser discutible, puede ser irracional, y sobre todo para alguien que le gusta Salinger puede ser muy dolorosa, pero creo que es de los pocos casos en la historia de la humanidad donde alguien ha mantenido una decisión durante tanto tiempo. Eventualmente los Beatles se hubieran juntado si no se hubieran muerto John Lennon y George Harrison, seguro. Y Salinger ahí está. Son ya más de cuarenta años, casi cincuenta, casi medio siglo. Además tú piensa que basta que Salinger diga «tengo una novela terminada, ¿a quién le interesa?» y las cantidades que pueden llegar a ofrecer son monstruosas. En una persona que realmente se ha autoextirpado de la realidad aparentemente sin posibilidad de transplante. En cualquier momento nos vamos a encontrar con la noticia de su muerte porque además tiene ya ochenta y tantos años, salvo que la macrobiótica realmente sea milagrosa y viva hasta los doscientos.

j. ¿Has leído los libros de las mujeres y la hija al respecto de la convivencia con él? ¿Qué opinión te merecen?

R.F. Tengo una opinión contradictoria. Por un lado me parecen muy mal, porque uno lo que básicamente desea es que cuando alguien escriba un libro sobre un escritor que te gusta mucho el libro esté a la altura del escritor en cuanto a prosa y todo, y no lo están. Hay pocos casos donde esto ocurre.

Cualquier cosa que salga nueva de Salinger siempre te causa gracia, digamos. No debería ser así. Si uno fuera consecuente con el amor que siente por determinada persona, uno debería estar del lado de Salinger y no leerlo.

j. ¿Pero le harán daño?

R.F. Yo creo que él sí cree que le hacen daño, pero bueno.

j. ¿Por qué crees que dejó de escribir?

Se cansó. Era bastante laudatorio. Se cansó de todo el fenómeno de esto del lector freak, fanático.

j. ¡Pero estaba muy joven para cansarse!

R.F. El tiempo es una dimensión completamente individual. Tal vez el no se sentía joven en absoluto.

j. Para cerrar, ¿será que habrá novelas póstumas de Rodrigo Fresán?

R.F. Yo creo que no. Uno ya se cansa mucho escribiéndolas durante la vida como para que el fantasma tenga este tipo de vibraciones póstumas. A mí no me interesaría. Con que sistematicen todo el material periodístico con eso ya tengo. Con eso mis hijos y mis nietos tienen para divertirse un rato.

Bueno, vamonos antes de que nos muramos de cancer de pulmón. Tengo que escribir un artículo sobre Rocío Jurado, que falleció ayer. Pobre mujer.




Conversación tomada de la página:

http://www.freaks-unidos.net/~javier/entrevistas/entrevistafresan.html

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