viernes, 8 de enero de 2010

Pequeña colección de poemas de Stéphan Mallarmé

STÉPHAN MALLARMÉ
FRANCIA 1842-1898
Angustia (Otra versión)

Yo no vengo esta noche para vencer tu cuerpo,
en el que están los pecados de un pueblo ni para,
en tu impuro cabello, alzar tormenta bajo el fastidio incurable .
que destilan mis besos.Pido a tu lecho el pesado sueño sin fantasmasdeslizándose a través de las cortinas ignoradas del remordimiento,que tú puedes saborear después de tus negras mentiras.Tú que sobre la nada sabes más que los muertos.
Pues el vicio, royendo mi nativa nobleza,
me ha marcado, como a ti,
con el sello de la esterilidad;
mas en tanto que tu seno de piedra lo habita un corazón
que la garra de ningún crimen hiere,yo huyo, pálido, deshecho, obsesionado por mi sudario,temiendo morir cuando duermo solo.
Versión de L. S.
Aparición
La luna se entristecía.
Serafines llorandosueñan,
el arquillo en los dedos,
en la calma de las floresvaporosas,
sacaban de las lánguidas violasblancos sollozos resbalando por el azul de las corolas,
Era el día bendito de tu primer beso.
Mi ensueño
que se complace en martirizarmese
embriagaba sabiamente con el perfume de tristeza.
Que incluso sin pena y sin disgusto deja
el recoger de su sueño al corazón que lo ha acogido.
Vagaba, pues, con la mirada fija en el viejo enlosado,
cuando con el sol en los cabellos, en la calley en la tarde,
tú te me apareciste sonriente,
y yo creí ver el hada del brillante sombrero,
que otrora aparecía en mis sueños de niñomimado,
dejando siempre, de sus manos mal cerradas,
cien blancos ramilletes de estrellas perfumadas.
Versión de L. S.
Brisa marina
Leí todos los libros y es, ¡ay! ,
la carne triste.¡huir, huir muy lejos!
Ebrias aves se alejanentre el cielo y la espuma.
Nada de lo que existe,ni los viejos jardines
que los ojos reflejan,ni la madre que, amante,
da leche a su criatura,ni la luz que en la noche mi lámpara difunde
sobre el papel en blanco que defiende su alburaretendrá al corazón que ya en el mar se hunde.¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega y leva al fin las anclas
hacia incógnitos cielos!Un tedio, desolado por la esperanza ciega,confía en el supremo adiós de los pañuelos.Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanzasobre perdidos náufragos que no encuentran maderos,sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza...Corazón, oye cómo cantan los marineros!
Versión de Andrés Holguín

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