lunes, 8 de junio de 2009

ANTOLOGIA DE POETAS MUJERES DE HONDURAS

Ilustración de Gustav Klim




He buscado aquí y allá un poco de poesía femenina de Honduras. Un par de nombres notables como el de Clementina Suarez, voz que, junto a Juana Pavón, equilibra el desbalance de la voz poética de la mujer con la del hombre hondureño. Son estas las voces que han hecho notoria nuestra poesía femenina. Teniendo en cuenta que vivimos en una terrible sociedad machista, tanto Clementina Suárez como Juana Pavón salen de su cáscara para reclamar y reivindicar a la mujer. Y quizás sea este uno de los temas más recurrentes en la poesía femenina hondureña, la soledad compartida, el desamor, el engaño; entre otros. Algunas de estas mujeres poetas, no rompen ningún canon poético, son "ellas mismas", creadas de sus propias vivencias. Su lenguaje está cargado de metáforas y de imágenes dolidas en las que no siempre hay cierres de esperanza. No obstante esta presencia del dolor que algunas veces se matiza con la preocupación social y política, no se observa que la pronta y futura voz femenina tome las riendas para romper con los esquemas tradicionales y con su propia voz. Falta mucho por recorrer. Sin embargo, sería injusto no mencionar la calidad de poetas contemporáneas como María Eugenia Ramos, Rebeca Becerra y Helen Umaña, cuya obra enriquece el espectro de mujeres que alzan la voz con plena conciencia de su oficio.


Clementina Suárez


lamentos en el espacio


Afuera ruge el viento.
Tu cabeza está
en mis piernas.
la noche se entretiene en ronda de fantasmas.
Aguas desbarrancadas cortan narcisos y nieblas,
para adornar la tumba de tanto pájaro muerto.
Tú peinas y despeinas mi cabello

mientras el mar arrastra sangre y lodo.
La sombra parece que esculpiera cadáveres.

¿Quién llora y se desespera en el aire?
Amor. Tú estás dormido,
-sin darte prisa por salir de la noche-
mientras yo atajo lamentos
de madres y de niños.



JUANA PAVON, 1945

LLEGUÉ SOBRE LA CARNE
Llegué sobre la carne de muchos
llevándoles la fresca aurora
de mi música interna oliendo
a sábanas de monja
y empapadas con jugo de niña.
Llegué sola con mis carnes intactas
temblorosa de inviernos de hospicio
y de chorchas cautivas sollozantes.
Llegué con la luna entre mis piernas
revolcada en la hierba de lo místico
con mi himen cubierto de musgo
y arañas con hilos de seda.
Llegué así con mi semilla
palpitante sosteniendo
a los hombres con mis manos.


Amanda Castro

Éxodo

Todo se había vuelto un Profundo silencio
—un caos como al principio—
Bajo una piedra se hallaba
la placenta de la vida
que podrida como estaba
hizo surgir a Odosh’a
el espíritu del mal
Xibalbá
—la casa de los cuchillos—

—la casa de los tormentos—
Los seres de maíz
empezaron
a pelearse entre ellos

y fue así como nació el odio

y el llanto

En la casa de los murciélagos

la sangre del maíz se transformaba

en vísceras humanas

En la casa de los espejos
los hombres
se arrancaban los ojos
con las manos
—Odosh’a les enseñó a matar

y Odosh’a estaba alegre—


ARMIDA GARCIA, 1971

nudo ciego XVIII


Pero la soledad
no se marchó

fue sólo que ya no pude
volver a tocarla.


Lety Elvir, 1966



A veces

una sólo quiere
perderse
en la noche de alguien

descongelarle el frío enquistado
en su pecho

levantarse la falda

gritarle muchas verdades.


Rebeca Becerra, 1970

Siluetas



Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques
No olvidan
porque no han vivido pasan...
como un simple viento
de muerte.


Francesca Randazzo, 1973


Amanece


doloroso en mi garganta.
El sol despunta entre las piernas,
nublado y seco.
Alguien busca,
tropieza,
intuye
detrás del vidrio.
Voces
se pasean por mi ropa,
una mano las sacude;
mis pies
ya no están,
trato de recordar la puerta
que no atravesaron.
Pruebo dar un paso

pero sólo mis ojos avanzan y encuentran el miedo.


Waldina Mejía Medina


Mujer Todos Los Días


Una madre puede hacer todo lo que hace,
no por ser mamá
sino por ser mujer.
Mamá es una mujer como las otras:

es alegre, tiene canas,
se enoja
trata de adelgazar
aunque no de a de veras
está enferma
casi no se cuida mi madre se equivoca

mi mami alguna vez ha sido injusta

lleva sus cuantos errores a la espalda

sus pecadillos por allí escondidos

o deseados pero mami crió a sus hijos ella sola

y a tres hijos más como a sus propios hijos
ella sola

mas era yo tan joven cuando madre quedó sola

que nunca pregunté cómo comimos siempre

y ahora todavía no lo sé

pero tiene que ver con la multiplicación de los pesares.
Ya que es una mujer como las otras

mi madre quiso más de alguna vez
reflorecer su amor
pero los que idolatran el estéril espejo

no entienden
el prodigio de la transformación
del oro en sueños
y si no derrotó en esta batalla
por lo menos a la rabiosa soledad
ya la tiene
enjaulada como la bestia horrenda
que es
por el claro milagro de los nietos.
Mi mamá nos recibe cuando estamos cansados
y caídos
pero no nos convierte las espinas en flores
porque nos enseñó a quitarlas solos
y no es la más clara imagen de Dios sobre la Tierra

no alcanza requisitos para Santa

ni se parece en algo a la Virgen María
sin embargo mamá puede reír aunque esté triste

madre puede amar aunque ella no sea retribuida

mami puede ayudar aunque ella esté también necesitada

madre puede trabajar
aunque haya trabajado
hasta la madrugada
/
mamá puede aguantar aunque ya no aguante más.
Por eso
mamá es una mujer como las otras
una mujer,
sencillamente un ser humano,

le dan derecho a serlo sus cuidados
su ternura su amor por los demás

su aguante para aguantar
que ya me habría muerto

y por tanto que es esa mujer

me asombro
me inclino me acorazo
y no sé cuánto decir
cómo la quiero.

nota:`poemas tomados de : http://www.poemasde.net/mujer-todos-los-dias-waldina-mejia-medina/


María Eugenía Ramos

De este país y de estas gentes

Como un norte helado y cruel

el dolor ha caído brutal

sobre este tiempo

y estas gentes.

Las tierras ávidas,

las mesas de trabajo,

las mujeres encintas

han desaparecido bajo una lluvia sucia

de hojas disecadas y animalitos muertos.

En todos los pasillos

cientos de espejos rotos

reproducen el polvo.

A juzgar por la imagen que devuelven

ningún hombre está sano.

Sólo aparecen rostros incompletos,

ojos llenos de furia

de tanto repetirse,

bocas incapacitadas

para el beso,

frentes donde todos los pensamientos

mueren sin pasar de embriones.

El odio se distribuye en panes

por las mesas.

No hay sitio para la sal

y el café de las mañanas

tiene un sedimento amargo.

Son los pobres de luna,

los mendigos del ojo solitario,

los impotentes,

los maniáticos,

los que hoy deciden

sobre la restauración de catedrales,

el curso de los ríos

y la conveniencia del amor.

Estar vivo

y ser de este país

y de estas gentes

no es alegre ni triste,

sino necesario.

Ser fiel a las raíces,

seguir creyendo

en la posibilidad de la esperanza,

es el único modo de sobrevivir

a la miseria de este tiempo.


*Porque ningún sol es el último, Ediciones Paradiso, Tegucigalpa, 1989.)


Mayra Oyuela, 1982



Tranviaria



Llevo al mundo como pendientes en mis orejas,
rozo con mis pestañas a los desconocidos,

beso manos de transeúntes

(hormigueo en los labios).
Que alguien me aborde,

soy el metro que esta ciudad jamás conoció,

atrevidos en mi todos los años,

en mí el transcurrir,

en mí la palabra ventrílocua de cada estación,

en mí la espina
y el diente que muerde la rosa de lo oculto.

Mis muertos no son sombras raídas en la luz.
Que alguien me aborde,

sé cual es el principio y el final de este cuento.
Que alguien suba y se detenga en mí.

Mis ojos son túneles que dan a cualquier lugar,

mis manos paredes para reposar en lo oscuro,
mis brazos sillones para que vengan a hacer el amor.

Roto ya todo lo íntimo en mí,

he de saberte andar,
mundo,
con los puños cerrados en señal de auxilio
y no de defensa
cerrados
para llevar en ellos el resto del aire
que no supo caber en mis pulmones.
En la imperfección está lo bello.

No necesito ser el poeta sino el poema,

la belleza está por encima
de la lógica de cualquier poeta.

Necesito andarte despacio, camino,

no me detengo en el asombro de saber llegar,
mundo:
en tus barrios, tatuadas están
las paredes de calcárea
sumisión,
en tus barrios fue donde aprendí
a defender el descenso.

Soy el metro que esta ciudad jamás conoció;

en mí los volantes con fotos de desaparecidos,
en mí tumultos de palabras
que alguien no pudo barrer bajo
la alfombra,
en mi el transcurrir.
Que nadie venga a preguntar
porque no te describo,

esperanza,

yo hablo de eso otro bello,
que no está en lo bello.

Abórdenme predicadores de la tarde,

zanates, pirueteros, estudiantes:
no olviden el punzón
y esriban en la oquedad de mis vagones
teléfonos para citas de amor,

DJ, bartenders y todos con título
de extranjerismo en su
profesión,
suban carniceros del San Isidro, conserjes
y putas,
albañiles vengan a devolver la sonrisa
a las princesas de los domingos.
Mujeres: describan con su carmín
la caricia que no les tocó,

suban, fresitas del high school,
madres solteras, suicidas,

docentes, vengan a traficar
perfumes traídos del Canal de
Panamá,
vengan a abordarme, en mí el transcurrir,
todos los años,
el suspenso del que anda a tu lado,
a pesar de su humanidad.
Sé quien soy,
basta una palmada en el hombro
y retorno a mis pies nauseabundos de sueños,

basta una palmada en el hombro

y retorno a mí al anonimato,

a la flatulencia, a la humana que soy.

¡Abórdenme!!!

soy el metro que esta ciudad jamás conoció,

vengan y calcen mis pies

ya que nunca podrán calzar mis zapatos.

*nota: poema tomado de:http://www.elpais.cr/articulos.php


Karen Valladares, 1984

Cielo

Me faltan siglos para dejar de ser.
La palabra me sobra a veces.
Los movimientos de la tarde se
desprenden hasta caer en la curvatura de mis ojos.

El sol es un conjunto de monedas lanzadas al aire.
Un trazo de papel
rayado por un niño
es el cielo.

Nota. poemas tomado del libro inedito: Ciudad inversa.

REBECA BECERRA 1970

Siluetas
Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques

No olvidan porque no han vivido pasan...
como un simple viento de muerte.


Alejandra flores Bermúdez, 1957


POR LA VEREDA



Por la vereda
va una mujer
cargando frutas
en una canasta
Por la vereda
van las frutas
cargando a la mujer que lleva una canasta
Por la canasta
pasa la vereda
y una mujer
que vende frutas
Por una fruta
pasa el campo
lleno de árboles
adonde
hay
una vereda
Por una mujer pasa la vereda
cargada de frutas y montañas
En la canasta
hay leña y humo
y hombres
y mujeres
que tejen cestas
y ven hacia las montañas
Por una montaña

hay una vereda
llena
de mujeres
que carga frutas
Por una mujer

crecen las veredas
las frutas,
canastas
e inmensas montañas...


Diana espinal, 1964


IX

Me desnudo en tu boca de almendro
acantilado entreabierto
desprendo los ruidos los ruedos
y el biés de mi falda allá lejos entre el agua
y la sal te desnudo dentro de múltiples lunas.
Poemas tomados de; www.poetasdelmundo.com


HILDA INTERIANO DE PAYES [MARINA DE LA CUEVA]

NOSTALGIA Y SOLEDAD

Cuando cae la tarde,
mi nostalgia se agudiza más...

Estás ausente y no quisiera pensar...

Cuando cae la tarde,

una música dulce y tierna

Llega a mis oídos.

Estoy melancólica y triste...

Mi corazón siente tu lejanía.

Sobre las alas de la tarde
Comienzo mi vuelo,
Sin pensar... ni existir...

¿Volver a la realidad?

¿Para qué...?

tú no estás y yo...
sigo muriendo
con la tarde que se va.
Las tinieblas de la noche

Me envuelven con su negro manto.

No hay luceros...
No hay estrellas...

Sólo silencio y soledad.

¿Sin ti?
¡Todo terminó!

¿Yo?
He dejado de existir.



María Eugenía Ramos, 1959

Una aurora alambrada

La fragua.
La fragua es dura.

Nos calientan al rojo vivo

y nos golpean sin misericordia.


Bajo el martillo
apretamos los dientes.
Sentimos que la carne
se desprende de los huesos,
nos estiran los nervios,
nos arrancan las vísceras
de sus cavidades.
Pensamos haber llegado al límite
del dolor
o del goce,
de la soledad o de la borrachera.

Y al otro día
de nuevo nos estremecen el vacío,
la miseria y la grandeza humanas.
Somos un poco más libres

porque ya no nos angustia
la pureza.
No nos atemorizan tanto
el sufrimiento
ni el deseo.
Una piedra se estrella
contra el muro en la noche.
Estando enamorados de imposibles

aseguramos el pan
de los días inéditos.


Soledad Altamirano


NO TE BUSQUÉ


No te busqué
en las vetas desgastadas del tiempo,
ni te grité en las voces delgadas de los hombres.
Caminé largas noches

ahuecando las horas con mis pasos
y no te encontré
por los hondos abismos.
Tan cerca de mi estabas,

que al roce de mi sueño con tu dolor herías.
Te llevaba en el alma,
tallado en un poema.
Y un enorme dolor
me comenzó a latir con tu llegada.

1 comentario:

León Leiva Gallardo dijo...

Gracias, Karen, por esta breve selección. Como lo has dicho, fueron Clementina y Juana las que abrieron camino. Afortunadamente, y quizá gracias a los medios digitales, las mujeres ahora tienen más acceso y cada vez más llenan el vacío, porque es vacío el no tener la visión de mundo de una mujer. Cada día más leo a nuestras poetas, quisiera concer más aún, la distancia no me lo permite. Me alimento por medio de los blogs. De nuevo, gracias por tu labor de embajadora literaria y por tu poesía. (León Leiva Gallardo)